Japón y China, recetas opuestas para recuperar impulso en la pujante economía asiática

ANÁLISIS ECONÓMICO

Las dos mayores economías de Asia pierden dinamismo ante el avance de India: Tokio reforma sus empresas mientras Pekín agudiza la intervención pública en sectores clave

Bolsa de Japón
Bolsa de Japón | Kakidai / Wikimedia Commons

China y Japón, las dos economías de mayor tamaño de Asia y dos de los mercados bursátiles más importantes del mundo, pierden dinamismo justo cuando India gana peso y florece a un ritmo superior al 6%. La relevancia de la segunda y la cuarta potencias mundiales continúa siendo indiscutible, pero ambas arrastran problemas que limitan su expansión: la crisis inmobiliaria y la debilidad del consumo en el gigante asiático; el escaso crecimiento, la depreciación del yen y las nuevas presiones sobre los precios en el archipiélago del Pacífico.

En este contexto, como en casi todos, las respuestas de los dos países siguen caminos casi opuestos. Tokio intenta mejorar su potencial mediante una transformación profunda de sus empresas, obligándolas a invertir mejor, a elevar su rentabilidad y a rendir más cuentas a los accionistas. Pekín, en cambio, ha decidido recurrir a una intervención pública mucho más directa, inyectando liquidez en la Bolsa, la banca y el mercado inmobiliario.

Estas diferencias se reflejan también en las recomendaciones de los principales analistas. BlackRock, JP Morgan, UBS o Julius Baer ofrecen una visión favorable sobre los planes nipones; pero la estrategia china no convence a las grandes gestoras, que evitan apostar por una recuperación general de su mercado más allá de ciertos segmentos respaldados por Pekín, como la IA.

China quiere contener la debilidad

La cautela domina entre los analistas a la hora de analizar la perspectiva de China. Julius Baer considera que la ausencia de medidas suficientemente contundentes reduce las posibilidades de una subida generalizada de la Bolsa, de modo que dirige sus recomendaciones hacia la búsqueda de oportunidades concretas en fabricantes de equipos para inteligencia artificial y compañías con dividendos elevados. Sobre todo porque, desde su punto de vista, las ayudas anunciadas pueden aliviar algunos problemas, pero no bastan para reactivar la inversión inmobiliaria ni provocar una mejora significativa del consumo.

JP Morgan también apunta hacia sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores o la robótica como ejes de la apuesta china, sin aguardar un gran programa de estímulos que alcance a toda la economía; mientras BlackRock incide en la economía de dos velocidades del país que lidera Xi Jinping, en la que la debilidad del consumo y la vivienda convive con un importante avance tecnológico. Esa es, precisamente, una de las patas por las que apuesta UBS, junto a la salud, los servicios financieros o las materias primas. "China continúa ofreciendo oportunidades de crecimiento y rentabilidad gracias al apoyo de Pekín", según los analistas de este banco suizo.

Japón busca recuperar impulso

Frente a las dudas sobre China, la visión sobre Japón es más favorable. Julius Baer mantiene una recomendación positiva sobre su Bolsa y sitúa su objetivo para el Nikkei 225 en los 75.000 puntos, apoyado en el crecimiento de los beneficios, la mejora de la rentabilidad empresarial y el aumento de la retribución a los accionistas. "El énfasis de las reformas empresariales se ha desplazado hacia la mejora de la creación de valor", sostiene Louis Chua, analista de renta variable asiática de la entidad financiera helvética.

También BlackRock le concede un "me gusta" a las acciones japonesas, vista su combinación de crecimiento nominal, inversión empresarial y reformas de gobierno corporativo. La gestora valora, además, que las compañías japonesas también están reduciendo las participaciones que mantienen unas en otras; una práctica que durante décadas contribuyó a inmovilizar capital y a proteger a los equipos directivos de la presión de los accionistas.

Por su parte, el banco estadounidense añade que la mejora de los salarios, la recuperación de la demanda interna y las inversiones en inteligencia artificial y semiconductores están reforzando los beneficios empresariales, y UBS comparte su visión. De hecho, prevé que las ganancias de las compañías niponas crezcan un 10% en este ejercicio, impulsadas también por unas reformas que las obligan a invertir mejor y a elevar la rentabilidad del capital.

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