Suecia convierte su nueva expansión nuclear en una apuesta de estado
energía
El gobierno sueco quiere tomar una participación mayoritaria, del 60%, en el primer gran proyecto de reactores del país y asumir parte del riesgo financiero del futuro sistema nacional de residuos nucleares
Ampliando significativamente el papel del estado en el relanzamiento nuclear de Suecia, su gobierno está decidido a adquirir una participación mayoritaria, del 60%, en la sociedad que impulsa el principal proyecto que está hoy sobre la mesa en el país europeo. Además, se plantea asumir parte del riesgo financiero asociado al futuro sistema de gestión de residuos radioactivos.
Estas propuestas, incluidas en una modificación presupuestaria para la que aguarda la aprobación del Parlamento, suponen una evolución relevante respecto al esquema aprobado hace un año: préstamos estatales y mecanismos de reparto de riesgo para facilitar inversiones privadas en nuevos reactores. Y es que el ejecutivo considera ahora que la nueva nuclear debe tratarse como una infraestructura estratégica de largo plazo.
"El objetivo es limitar la participación del actor inicial en los costes fijos, con la expectativa de que se construyan reactores adicionales, que finalmente compartirán los costes fijos totales", ha explicado el gobierno sueco, que justifica una mayor intervención pública en la necesidad de garantizar un suministro energético estable y en la importancia de la electrificación industrial. O, dicho de otro modo, se trata de que el estado lidere la búsqueda de soluciones a la creciente demanda energética.
Desde esta óptica, se propone elevar la participación estatal en el proyecto Videberg Kraft AB —que tiene una capacidad prevista de 1.500 megavatios— hasta el 60% mediante una inversión inicial de unos 155 millones de euros, dejando abierta la posibilidad de acometer futuras ampliaciones de capital de hasta 3.000 millones de euros durante la fase de construcción. Y, del mismo modo que apuesta por el arranque, aboga también por compartir los costes del sistema de gestión del combustible gastado, cuyo coste fijo supera los 10.000 millones de euros.
Con este movimiento, Suecia se reafirma como una de las principales potencias nucleares europeas y, en un contexto de aumento de la presión sobre las redes eléctricas del viejo continente, confirma asimismo el giro financiero que acompaña al regreso de la energía nuclear. Países como Reino Unido, Francia, República Checa, Polonia o Estados Unidos han tenido que diseñar también una arquitectura pública de reparto de costes con la empresa privada para una infraestructura que requiere una enorme inversión inicial además de unos plazos de construcción muy largos.
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