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Montecarlo guarda su lujo más discreto frente al puerto
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En una ciudad asociada a los superyates, los grandes casinos y la exhibición de riqueza, el Hôtel Hermitage Monte-Carlo cultiva una forma de lujo mucho más contenida. El cinco estrellas se levanta en el corazón de Montecarlo, dentro del Principado de Mónaco, a escasos pasos de la plaza del Casino y en una posición elevada desde la que domina el puerto, el Mediterráneo y la Roca.
El hotel conserva el carácter de los grandes palacios europeos de la belle époque. Su espacio más reconocible es el jardín de invierno, presidido por una cúpula de cristal y acero inspirada en la escuela de Gustave Eiffel. Los mosaicos florales, las columnas de mármol y los amplios corredores completan una arquitectura concebida para la sociedad aristocrática que comenzó a frecuentar Montecarlo entre finales del siglo XIX y principios del XX.
Las habitaciones y suites trasladan ese legado histórico a una estética más luminosa y contemporánea, con tonos suaves, mármoles y terrazas abiertas sobre el mar o la ciudad. Algunas de sus residencias más exclusivas han sido renovadas para incorporar grandes salones, terrazas y jacuzzi, preservando su identidad clásica y reafirmando la sensación de encontrarse en una casa privada más que en un gran complejo hotelero.
La gastronomía tiene como principal referencia a Pavyllon Monte-Carlo, el restaurante de Yannick Alléno reconocido con una estrella Michelin. Su propuesta toma como base los productos mediterráneos y una cocina servida en un ambiente más relajado que el de los grandes templos gastronómicos tradicionales, con una terraza desde la que se contempla el puerto y el perfil urbano de Mónaco.
Otro de sus privilegios es el acceso directo a Thermes Marins Monte-Carlo, el centro de bienestar conectado también con el vecino Hôtel de Paris. El complejo dispone de una piscina climatizada de agua de mar de 25 metros frente al Mediterráneo, además de tratamientos, instalaciones deportivas y espacios dedicados al descanso y la recuperación física.
El Hermitage ocupa así un espacio particular dentro de Montecarlo. Junto al Casino, muy cerca de la parte más visible del lujo monegasco, pero con una atmósfera más íntima y residencial. Su atractivo no está en aislarse del Principado, sino en contemplarlo bajo una cúpula centenaria o en una terraza desde la que los barcos parecen formar parte del paisaje privado del hotel.
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