El Papa afirma en Lampedusa que los muertos en el Mediterráneo "son víctimas de decisiones tomadas u omitidas"
VISITA A LAMPEDUSA
León XIV insta a traducir la compasión en decisiones concretas y reclama políticas migratorias que protejan la dignidad de las personas
El Papa León XIV ha afirmado este sábado, durante una misa celebrada en la isla italiana de Lampedusa, que las personas fallecidas en el Mar Mediterráneo "son víctimas de decisiones tomadas o de decisiones omitidas", y ha hecho un llamamiento a responder al fenómeno migratorio con medidas concretas inspiradas en la compasión y la solidaridad.
En la eucaristía celebrada en el campo deportivo Arena, en el marco de su visita pastoral a la isla situada frente a la costa de Sicilia, el Pontífice tomó como referencia la parábola del Buen Samaritano para reflexionar sobre la realidad migratoria que vive este enclave mediterráneo. Además, recordó la visita que realizó el Papa Francisco a Lampedusa en julio de 2013, su primer viaje como pontífice.
León XIV comparó la situación de Lampedusa y Linosa con el peligroso camino entre Jerusalén y Jericó descrito en el Evangelio y lamentó el sufrimiento de miles de personas atrapadas por las redes de explotación y los riesgos de la travesía por el Mediterráneo. "Aquí no solo han visto uno, sino a miles de seres humanos caídos en manos de bandidos", denunció.
El Pontífice recordó especialmente a quienes perdieron la vida intentando alcanzar las costas europeas y sostuvo que esas muertes son consecuencia de responsabilidades humanas. "Los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas", afirmó.
Durante su homilía, el Papa defendió que el encuentro con quien sufre exige cercanía antes que cualquier debate ideológico. "Antes de cualquier otra consideración intelectual o convicción ideológica, el impacto con quien yace delante de nosotros, despojado de todo, llama a la proximidad", señaló, resumiendo ese mensaje con la expresión: "Nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos".
Asimismo, agradeció la solidaridad de los habitantes de Lampedusa y reconoció el trabajo de voluntarios, asociaciones, guardacostas, autoridades, personal sanitario, sacerdotes, religiosos y fuerzas de seguridad, a quienes agradeció haber "decidido amar juntos".
En su intervención, León XIV también advirtió de que el sufrimiento de quienes migran está alimentado por factores como "el desinterés por el bien común", la corrupción, un sistema económico que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y los intereses de las redes criminales que se lucran con la migración. A su juicio, es necesario pasar de la gestión de las emergencias a políticas migratorias "orgánicas y compartidas".
Desde "el borde de Europa en el Mar Mediterráneo", el Papa apeló especialmente a los países europeos para que impulsen un proyecto de largo recorrido capaz de "acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes" y, al mismo tiempo, favorecer el desarrollo de los países de origen para que nadie se vea obligado a emigrar, siempre desde el respeto a la dignidad de cada persona.
León XIV también reflexionó sobre la dimensión turística de Lampedusa y advirtió del riesgo de levantar "un muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes". En este sentido, defendió una economía más justa y fraterna y animó a convertir incluso el tiempo de descanso en una oportunidad para crecer en humanidad.
La homilía concluyó con una invocación a la Virgen de Porto Salvo, patrona de Lampedusa, y un llamamiento a la población de la isla a no dejarse vencer por el miedo y afrontar los desafíos actuales como una oportunidad de testimonio y esperanza.
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