La era de la cartera por "etiquetas" se agota: la IA, la energía y la geopolítica obligan a invertir por exposiciones

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BlackRock defiende que la asignación clásica por clases de activo ya no basta en un mercado en el que la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica y el shock energético causado por la tensión en Oriente Próximo están alterando beneficios, inflación y riesgo

Imagen de archivo de valores de bolsa en Europa y Estados Unidos
Imagen de archivo de valores de bolsa en Europa y Estados Unidos | Eduaro Parra

BlackRock ha vuelto a poner nombre a una de las grandes discusiones del mercado: cómo construir carteras cuando las referencias tradicionales empiezan a quedarse cortas.

En uno de sus últimos análisis, la gestora sostiene que el entorno de inversión exige pasar de una lógica basada en clases de activo —renta variablebonoscréditoemergentes— a otra construida alrededor de exposiciones reales: tecnología, energía, infraestructuras, datosinflación, geografía de ingresos y sensibilidad a los tipos.

La tesis de fondo es que los grandes vectores estructurales —la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica, el nuevo ciclo energético, el envejecimiento demográfico o la transformación financiera— están cambiando los mercados más rápido de lo que permiten capturar las carteras estáticas.

De hecho, BlackRock lo resume con una idea clara: en el mundo actual, "todas las decisiones de asignación de activos son decisiones activas". En otras palabras, no moverse también implica tomar una posición.

Inteligencia artificial

El ejemplo más visible está en la IA. El peso del sector tecnológico en los índices MSCI de Estados Unidos y de mercados emergentes se ha disparado desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022. De, aproximadamente, un 20%, al entorno del 40%. El fenómeno también se traslada al mercado de deuda: la cuota del sector tecnológico en las emisiones de bonos corporativos investment grade en Estados Unidos se ha más que duplicado desde ese año.

Para el inversor, la consecuencia es incómoda: comprar "Estados Unidos", "emergentes" o "crédito corporativo" ya no significa lo mismo que hace unos años. Puede significar, en la práctica, estar mucho más expuesto a semiconductorescentros de datos, electricidad, redesautomatización o infraestructura digital. Por eso BlackRock defiende que el análisis debe ir más allá de la etiqueta del activo y centrarse en qué factores económicos explican realmente el retorno y el riesgo de la cartera.

Otro gran foco es la inflación. La gestora mira al dato de la subida de precios en Estados Unidos para medir hasta qué punto el shock de oferta provocado por el conflicto en Oriente Próximo está agravando unas presiones inflacionistas que ya eran persistentes. No en vano, el informe advierte de que el impacto de ese shock puede hacerse más visible en caso de llegar a julio con el estrecho de Ormuz bloqueado. En este contexto, BlackRock mantiene una visión táctica favorable a los beneficiarios de la inteligencia artificial.

Cartera europea

La lectura para una cartera europea —y para un inversor español— es que el debate ya no pasa solo por decidir cuánto peso dar a bolsabonos o alternativos. La pregunta relevante es qué exposiciones se quieren asumir y cuáles se están acumulando sin querer: IA, dólar, petróleo, duración, inflación, crédito privado, infraestructuras o materias primas.

Así pues, la propuesta de BlackRock pasa por redefinir la apuesta. Diversificar no consiste necesariamente en repartir entre etiquetas, sino en entender qué fuerzas mueven cada activo y tener preparado "un plan B".

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