La guía para conseguir una segunda ciudadanía en el Caribe desde 215.000 euros
Inversiones
El programa de St. Kitts y Nevis permite obtener la ciudadanía por inversión sin obligación de residencia, con una aportación directa al estado o mediante la compra de inmuebles aprobados, y se ha convertido en una herramienta de movilidad para patrimonios internacionales
St. Kitts y Nevis ofrece una de las vías más conocidas del mundo para obtener una segunda ciudadanía. Ni es un programa de residencia temporal ni exige vivir varios años en el país antes de pedir la nacionalidad: en un contexto de tensiones geopolíticas, una inversión a partir de 215.000 euros abre las puertas a un pasaporte que permite viajar sin visado a más de 150 destinos, dotarse de una propiedad en el Caribe o apostar por una segunda jurisdicción en un refugio fiscal.
Las opciones de este planteamiento, especialmente interesante para empresarios, inversores y familias de alto patrimonio, pasan por destinar 215.000 euros al país miembro de la Commonwealth, dedicar esa misma cuantía a un proyecto declarado de beneficio público o apostar por la vía inmobiliaria: unos 280.000 euros para una propiedad autorizada o un mínimo de 515.000 euros para una vivienda unifamiliar.
Para quien busca movilidad internacional o diversificación de riesgo, el éxito del programa guarda relación con que la ciudadanía del pequeño país de las Antillas no obliga a romper con el país de origen ni a trasladar la residencia efectiva, de modo que el trámite se concibe más bien como una herramienta adicional de flexibilidad para la familia y el patrimonio.
Así es que Henley & Partners, la mayor asesoría del mundo para gestiones relacionadas con la obtención de residencia y ciudadanía a través de inversiones, lo considera uno de los pasaportes caribeños "más sólidos", toda vez que las contribuciones financieras o la adquisición inmobiliaria otorgan la ciudadanía de forma vitalicia y transmisible a las siguientes generaciones.
La combinación de exiguas restricciones e interesantes beneficios son uno de los puntos fuertes de este instrumento patrimonial y fiscal, en una nación insular con apenas 50.000 habitantes y buenas conexiones aéreas con Europa y Norteamérica.
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