Agrede a la médica de urgencias que acudió a prestarle atención, en Maceda

DENUNCIA ANTE LA GUARDIA CIVIL

La presunta agresora ya sembró el pánico en el centro de salud de la localidad hace dos décadas

Entrada del PAC de Maceda, donde trabaja la médica agredida.
Entrada del PAC de Maceda, donde trabaja la médica agredida. | Miguel Ángel

Una médica del PAC de Maceda tuvo que acudir la noche del miércoles al jueves a urgencias tras ser agredida por una paciente. Todo comenzó cuando una mujer llamó al centro médico para que le suministraran la medicación. Según pudo saber este periódico, se trata de Cristina S.M., quien es una persona conocida en el mundo sanitario de esta localidad, ya que hace dos décadas sembró el pánico entre el personal. “Es conocida por todos”, asegura otro trabajador. La recuerdan por agresiones físicas, verbales, daños en vehículos o destrozos en el mobiliario en el pasado. Cuenta con antecedentes psiquiátricos y está institucionalizada, aunque disfruta de permisos de salida durante los cuales tiene que tomar tratamiento.

Con este objetivo, llamó la noche del miércoles reiteradamente al PAC de Maceda. Sin embargo, el volumen de urgencias impidió que en ese momento pudiera ser atendida. “Fue una guardia muy mala donde tuvimos varias emergencias y estuvimos mucho tiempo fuera porque hubo que hacer traslados al hospital de Ourense”, cuenta la médica agredida, quien prefiere mantenerse en el anonimato.

El celador informó a Cristina S.M. de esta situación y de que sería atendida en cuanto llegasen las sanitarias. “Ella se iba enfadando cada vez más y luego empezaron las amenazas de muerte, que nos iba a quemar el centro con nosotros dentro, que iba a hacernos la vida imposible por la noche, que iba a estropear nuestros vehículos y amenazas de muerte”, explica.

Cuando regresaron las sanitarias la llamaron para administrarle la medicación, pero ella se negó a ir y dijo que le dolía una rodilla, ofreciéndole valorar la molestia. “Continuó llamando, amenazándonos con que nos iba a quemar dentro del centro de salud, agredirnos o romper nuestros coches”, relata la agredida. La médica y la enfermera le ofrecieron ir hasta su casa para suministrarle la medicación, a lo que la mujer accedió. La paciente las estaba esperando en la calle con una actitud normal y la enfermera le indicó que fuera a por un vaso de agua para tomarse la medicación.

Ella se negó en tomar la medicación, insistiendo las sanitarias en que era por su bien. “Sin más se abalanzó hacia mi cara y con la fuerza que hizo es como si me golpease el rostro fuertemente con las dos manos, no me caí porque me agarró la enfermera. Eso es lo de menos porque con hielo se me pasó, pero el problema es que yo llevaba las lentillas puestas y con ese trauma tan fuerte se me rompió una y luego no podía ver y me dolía muchísimo el ojo”, recuerda la médica.

Decidieron regresar rápidamente al PAC. Al llegar, avisaron a la Guardia Civil -presentando ayer denuncia- y al directivo de guardia. A este último, la médica le explicó la situación y le preguntó qué tenía que hacer, ya que además no veía bien del ojo afectado y le costaba incluso escribir en el ordenador.

Sentimiento de abandono

“La respuesta fue: ‘decide tú, que te acaban de agredir. Decide tú si quieres ir a que te vean el ojo o no, decide tú si cierras el PAC y dejas a los pacientes sin atender”, cuenta la sanitaria agredida. “Este es el protocolo de esta dirección o por lo menos del directivo con el que hablé, no me ayudaron en nada”, añade. Ella se encontraba en ese momento con una crisis de ansiedad debido a la agresión, una situación que no había vivido con anterioridad. “Una persona a la que acaban de agredir bien no está y esperas que un directivo responda de otra manera, diciendo que evidentemente tengo que ir a que me vean el ojo, a que me hagan un parte de lesiones, a denunciar y que se encarga él de gestionar las urgencias del PAC de Maceda”, expresa.

Relata que fue ella quien tuvo que llamar al 061 para informar de que abandonaba el PAC para ser asistida en el servicio de urgencias. “Es un sentimiento de abandono y miedo a que esto vuelva a ocurrir. No hay un personal de seguridad en la puerta, estamos solos”, confiesa. “No sé si existe un protocolo, pero, si existe, el directivo que me atendió lo desconocía y no activó ninguno, todo lo que se hizo lo hice yo”, asegura la médica.

Contenido patrocinado

stats