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Cuentan los mayores del lugar que hace años la aldea de A Caridade presumía de una de las romerías más importantes del suroriente ourensano. El imponente santuario erigido en el centro del pueblo en honor a la Virxe da Caridade reunía cada año a habitantes de toda la comarca y hasta de A Limia, que se unían a la procesión y le pedía a la Virgen que les ayudara con sus problemas de vista. Si bien ya no atrae a tantos romeros, el día grande de A Caridade, festivo en el concello de Monterrei, sigue siendo motivo de celebración para sus habitantes, siempre fieles a la tradición.
La diferencia con otros años es que ayer fue la primera romería celebrada tras el pasado 13 de agosto, la fatídica fecha en que el fuego rodeó la aldea a plena luz del día, reduciendo rápidamente viviendas, almacenes y fincas a escombro y cenizas. El incendio originado en Oímbra, y que acabó arrasando la comarca, se cebó con esta pequeña localidad.
El lunes arrancó con misas desde temprano, preludio de la multitudinaria procesión que recorrió a media mañana los montes de A Caridade, un paisaje gris y calcinado que poco a poco comienza a mostrar algo de vida y color.
Tras regresar la figura de la Virgen, el santuario se abarrotó enseguida. Verónica Rodríguez, una de las vecinas que se quedó fuera, define la jornada como “triste, mira as vistas que temos cada día”, señalando las casas que ardieron frente al templo, desprovistas aún de tejado. Todavía recuerda como si fuera hoy aquel día: “De camiño aquí estaba todo ardendo, vimos a unha veciña chorando, algúns perderon o froito dunha vida de traballo. Foi horrible”.
Tras casi un año desde la catástrofe, los vecinos coinciden en señalar la dificultad de reconstruir las viviendas calcinadas. Olga Feijoo cree que lo ideal sería que “a Xunta as rehabilitara directamente e colocara os tellados, porque cos cartos que dan non chega para rehabilitalas”. Para poder usar la ayuda de 72.000 euros para segundas residencias, se exige un proyecto completo de reconstrucción de la vivenda y su habitabilidad. Sin embargo, el encarecimiento de materiales y la dificultad para encontrar obreros hace que la cantidad final a invertir sea mucho mayor y tenga que salir de su bolsillo. Pedro González, cuya casa familiar ardió, coincide con su vecina: “Gustaríanos que nos permitiran usar ese diñeiro para obrar ata onde cheguemos, poñer o tellado, botar planchada, ventás e porta, e xa máis adiante veremos, pero mentres tanto a casa estase botando a perder”.
Por su parte, Samuel Vieira, quien perdió su coche y la casa en la que vivía, sigue residiendo en A Caridade, en el domicilio de unos familiares que planea adquirir gracias a la ayuda porque no se ve rehabilitando su antiguo hogar, completamente derruido. Preguntado por si le ha pedido algo a la Virgen, lo tiene claro: “Que isto non volve ocorrer nin aquí, nin en ningún lado”. Al igual que el resto de sus vecinos, Samuel disfruta de la romería y mira ya hacia el futuro, pero sin olvidar lo sucedido.
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