La autenticidad infantil se ganó a los mayores de Muíños
CEIP VALLE-INCLÁN
El proyecto que reúne niños y adultos, celebró un nuevo encuentro en el municipio ourensano
Concebido como un evento donde la edad, lejos de ser un límite, es una justificación para los encuentros; enmarcado en el proyecto intergeneracional de La Región: “A Maiores”; la Casa de la Cultura de Muiños ubicada en la Plaza San Rosendo, fue sede de la reunión entre los 15 estudiantes del CEIP: Valle-Inclán y 14 adultos mayores de diferentes localidades cercanas al ourensano municipio de Muiños.
Esos locos bajitos
Uniformados con las sudaderas grises que identifican al programa, los asistentes parecían imitar a un equipo deportivo cuyo objetivo era compartir entre sí el triunfo del conocimiento. Los tres profesores del Valle-Inclán, de conjunto con los monitores de la actividad: Sonia Opazo y Abel Fornos, haciendo un momentáneo llamado de silencio, lograron captar la atención de “esos locos bajitos, que se incorporan, con los ojos abiertos de par en par” como la canción de Joan Manuel Serrat; e iniciaron un juego didáctico de reconocimiento llamado “Museo viviente” que entremezcló objetos del pasado y el presente, donde la espontaneidad del intercambio dejó ver las grandes similitudes entre edades tan lejanas y a la vez muy parecidas.
“Es facilísimo” espetó uno de los pequeños desde su silla ante el silencio de los mayores, cuando estos se movían ajustándose espejuelos o entrecerrando los ojos para lograr reconocer el objeto en la pantalla totalmente ajeno a sus años y oficios. Sin embargo, los adultos no fueron menos en sus explicaciones, cuando les correspondió contestar sobre las fotografías mostradas más acordes a sus respectivas cotidianidades.
La elegancia del desparpajo
Las hermosas dudas surgidas del “Qué es y para que sirve” como indicaron los monitores en el “Museo viviente” provocaron una lluvia de palabras que imitaba de manera jovial, a la precipitación verdadera en el exterior del local.
“Mañana cumplo 77 y venimos desde Lobios para aprovechar y compartir” dijo Benito Salgado, mientras que enfrente suyo Izan Blanco de 7 años, hacía girar una de las decenas de zoadeiras repartidas, una vez concluida la primera actividad. “Me parece muy divertido. Estoy pasándolo bien en este día” afirmó Izan tensando el cordel de la zoa. Aleisha Fernández también de 7 años, con la elegancia propia del desparpajo, comentó: “Vine con mi hermano Alberto. Respondí bien todas las preguntas y gané el juego.”
Milagros Sánchez de 80, recordó varios juegos de su infancia y la forma creativa de confeccionar los juguetes rústicos con los cuales se entretenía. “Los niños son sagrados y pasar tiempo con ellos es maravilloso. Tengo un dicho que es: hacer feliz a los demás para ser feliz. Si hay niños, yo no me voy”; aseguró Milagros en voz baja antes de ponerse enrollar la zoadeira y hacerla girar con destreza.
Ambiente festivo
Las respuestas de los niños siempre secundadas por los adultos, por esa inefable costumbre complaciente de los abuelos, matizaron el ambiente festivo en Muiños, lleno de tantas ocurrencias. El fértil intercambio, evidenció la necesidad de este programa, donde las ilusiones y la autenticidad, son la materia prima de lo valedero.
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