EXCESO DE REPRESENTACIÓN
Los resultados de las elecciones en Nueva Zelanda dejan un empate técnico y un Parlamento en el aire
EXCESO DE REPRESENTACIÓN
El Partido Nacional del actual primer ministro neozelandés, Christopher Luxon, y el Partido Laborista del ex primer ministro Chris Hipkins mantienen una ajustada pugna por la victoria en las elecciones generales celebradas este sábado, con más del 90% de los votos escrutados, en unos comicios que podrían otorgar al centrista Partido de la Oportunidad (Opportunity), liderado por Qiulae Wong, un papel determinante en la formación del próximo Gobierno.
Según los últimos datos publicados por el diario "The New Zealand Herald", los conservadores cuentan con el 29,3% de los sufragios, frente al 29,1% de los laboristas. Los Verdes alcanzarían el 13,3%, seguidos por las formaciones ACT (Asociación de Consumidores y Contribuyentes, con un 11%), Nueva Zelanda Primero (9,8%), Opportunity (5,9%) y Te Pati Maori (0,6%).
Las primeras proyecciones, elaboradas por Bloomberg con la mitad de las papeletas contabilizadas, apuntaban ya a un escenario parlamentario muy ajustado. El bloque de derechas, integrado por Nacional, ACT y Nueva Zelanda Primero, sumaría 66 escaños, mientras que la alianza progresista, formada por Laborista, Verdes y Te Pati Maori, obtendría 58.
Así las cosas, Opportunity —que conseguiría siete representantes según estas estimaciones— podría convertirse en un socio decisivo, si bien la distribución final de actas continúa sujeta a variaciones. La líder de la formación ha avanzado que negociará inicialmente con el partido que reúna más diputados y ha subrayado que la estabilidad institucional será el principal criterio para sellar cualquier acuerdo, sin que el impuesto sobre la propiedad defendido por su programa constituya una condición ineludible. "Habéis votado por la unidad frente a la división. Habéis votado para cambiar la política neozelandesa para siempre", manifestó Wong ante sus simpatizantes en Auckland.
Sin embargo, Luxon ha descartado reiteradamente una coalición de gobierno con Opportunity debido a sus propuestas fiscales. La postura ha sido criticada por el líder de ACT, David Seymour, al considerar que "sería una tontería no querer formar gobierno con ellos" tras el respaldo obtenido en las urnas. Por su parte, el dirigente de Nueva Zelanda Primero, Winston Peters, ha reclamado cautela antes de anticipar acuerdos.
El recuento de las elecciones generales está condicionado además por el denominado "overhang" o exceso de representación, una particularidad del sistema proporcional mixto del país que podría elevar la Cámara de los 120 diputados habituales hasta los 131 escaños, situando la mayoría absoluta en 66. En este contexto, tanto el Partido Nacional como Te Pati Maori podrían lograr más actas por circunscripción de las proporcionales a su voto de lista. En las filas conservadoras, las primeras proyecciones dejaban provisionalmente fuera a figuras históricas como la ministra de Finanzas, Nicola Willis, y el presidente del Parlamento, Gerry Brownlee.
En el flanco de la izquierda, la colíder de Los Verdes, Chloe Swarbrick, advirtió de que "el sistema ha sido manipulado" y reclamó abrir un debate constitucional sobre la democracia neozelandesa. Aunque admitió un escenario desfavorable para gobernar, insistió en que "es pronto para cantar victoria" ante el peso de los votos especiales pendientes de computar. Swarbrick cuestionó con dureza las modificaciones aprobadas por el gabinete de Luxon en el censo electoral, asegurando que generaron trabas en la inscripción y distorsionaron el proceso.
El desenlace electoral supone un severo revés para el primer ministro, lastrado por el desgaste del coste de la vida y las dificultades para reanimar la economía. No obstante, el laborismo de Hipkins tampoco ha capitalizado de forma contundente ese descontento, dispersando el voto hacia formaciones minoritarias. En caso de perder el poder, la derrota de los conservadores supondría un hecho insólito en la política contemporánea del país: la caída de un Ejecutivo tras agotar un único mandato de tres años.
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