Christian Pombo, el autodidacta de O Barco cuyas obras de madera llegaron a la reina Sofía

ARTESANÍA

Christian Pombo es un artesano de la madera, cuyas obras llegaron hasta la reina Sofía, llegó a esta profesión tras una lesión que le llevò a cambiar el taller de vehículos por el de madera.

Christian Pombo en su taller de O Barco.
Christian Pombo en su taller de O Barco. | Alex Lorenzo

Una lesión cambió el rumbo de Christian Pombo, que pasó de recorrer el mundo con su BMX a encontrar en la madera una pasión y una forma de vida. Hoy apuesta por la artesanía, la recuperación de materiales y la posibilidad de construir un futuro desde O Barco, lejos de las prisas de las grandes ciudades. Su historia es también una reivindicación de los oficios tradicionales y de las oportunidades que existen sin necesidad de marcharse.

“Casi todo el mundo, cuando era adolescente, me incitaba a irme fuera a buscar oportunidades, como si aquí no las hubiera o quedarse fuese sinónimo de estancarse”, recuerda. Después de viajar todo lo que quiso con la BMX, descubrió que el ritmo de las grandes ciudades no encajaba con su forma de ser: “Lo que menos me gustaba era el estrés de las grandes ciudades, ir por la calle cruzándote con miles de personas y no escuchar un ‘buenos días’. No va conmigo”. Frente a esa aceleración, encontró en la madera un oficio que exige calma.

Aunque no procede de una familia de carpinteros como tal, el trabajo manual forma parte de sus raíces. Su bisabuelo era cestero y herrero, su abuelo fabricaba galochas y su padre desarrolló una faceta más artística. De ellos conserva ese chip de autosuficiencia y el respeto por el oficio, una herencia que ha orientado hacia la artesanía y el diseño.

El inicio de su trayectoria llegó el 17 de abril de 2020, en pleno confinamiento por la pandemia, cuando elaboró una cuchara que acabaría convirtiéndose en el punto de partida de su proyecto. “Aquel encierro fue el detonante perfecto para meterme de lleno y aprender yo solo a base de horas, oficio y error”, explica. Con el tiempo, decidió dar un paso más y abandonar el trabajo estable que tenía en un taller mecánico para dedicarse a la madera: “Me acababan de hacer fijo y a los 15 días me fui para apostar por la madera”. Una decisión que sorprendió a quienes le conocían, especialmente cuando dejó un empleo seguro para ponerse a fabricar cucharas.

Una de las particularidades de su trabajo es que apenas compra materia prima. Aprovecha árboles que los vecinos necesitan retirar de sus fincas, como nogales, cerezos, castaños o robles, y les da una segunda vida. Además, suele regalar a sus propietarios una pieza elaborada con la madera de ese mismo árbol: “Para mí es una forma de economía circular, de no malgastar recursos y de darle una segunda vida con valor emocional a la madera de nuestra tierra”.

Su oficio requiere paciencia: desde que consigue la madera hasta que termina un cuenco o un mortero pueden pasar hasta dos años, mientras que una cuchara puede necesitar entre ocho y nueve meses de proceso completo, unos tiempos de producción que él defiende: “Vivimos en la época del consumismo rápido, de querer todo para ayer, y esto te obliga a ir contracorriente. Es tradición, es recuperar valores antiguos y es entender que las cosas con alma no se pueden acelerar”.

Christian recuerda a un profesor del colegio de las monjas de O Barco con una frase contundente: “Tuve un Mestre que nos daba Historia, pero que de enseñar sabía poco”. Su experiencia con aquel docente le dejó una impresión de que el tiempo acabaría poniendo las cosas en perspectiva. Años después, su apuesta le demostró que sí tenía un camino por delante, aunque no fuese el que otros esperaban de él.

A los jóvenes que quieran iniciarse en la artesanía les recomienda acercarse a un taller, aprender y, sobre todo, no tener miedo a equivocarse: “El éxito no es irse fuera y el futuro no te lo regala una gran ciudad”.

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