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EDUCACIÓN INFANTIL
El pedagogo, filósofo y escritor Gregorio Luri abrió los Encontros Familia-Escola, que organiza la asociación Vagalume Valdeorras, con una charla sobre las virtudes, pero sobre todo las carencias, que encuentra en la educación que hoy en día reciben los niños.
Pregunta. ¿Cómo valora la educación que reciben los niños hoy en día?
Respuesta. Estamos sobreprotegiendo a nuestros niños y la sobreprotección es una forma de maltrato porque los incapacita para gestionar la realidad. En la escuela y en casa, cuando un niño tiene miedo a algo, intentamos evitárselo, cuando lo que deberíamos hacer es prepararlo para encararlo. Hay que educar para afrontar las dificultades de la vida. Por otra parte, no hay que confundir los malestares propios de una vida normal con traumas, problemas psicológicos o dramas afectivos. La vida te va llenando de frustraciones pero hay que saber reaccionar con serenidad ante estas situaciones.
P. ¿Qué cambios cree necesario introducir en la educación?
R. Hay varios aspectos a las que hay que prestar más atención. Primero, hay que devolver la infancia a los niños y recuperar el juego libre y arriesgado. Al niño hay que darle la seguridad que necesita, no la seguridad total. Siempre hay que moverse en una situación de alguna incertidumbre. Segundo, los amigos. Las relaciones de amistad son terapéuticas. Hay un dicho: “Mis amigos son unas partes de mi alma que tengo repartidas por el mundo”. Tercero y muy importante, la higiene del sueño. Nuestros niños están durmiendo poco y eso tiene efectos en su aumento de peso, su inseguridad, la pérdida de atención. Cuarto, la falta de ejercicio físico. Los niños, y sobre todo las niñas, cada vez hacen menos y el ejercicio físico es más efectivo para los problemas emotivos que la medicación. Y quinto, diez minutos de lectura diaria con los niños. Pueden parecer pocos, pero son muchos miles de palabras al año.
P. ¿Qué opina del uso de las redes sociales por los niños y la prohibición a menores de 16 años que plantea el Gobierno central?
R. Defiendo que la relación humana fundamental es la relación cara a cara y no podemos sustituirla por relaciones tecnológicas. Ahora bien, la relación cara a cara siempre ha necesitado complementos. Así, en Mesopotamia estaban las tabletas de arcilla, en la actualidad está la tecnología. No podríamos vivir si prescindimos de la tecnología. Ahora bien, todo es cuestión de grado. Podemos pecar por exceso pero, a mi modo de ver, también podemos pecar por defecto. ¿Por qué hay países en Europa que no tienen problemas con la tecnología? Estonia es el país más digitalizado del mundo y los niños no tienen problemas. Por otra parte, cuando se legisla pensando en los centros que tienen problemas o en las situaciones malas se olvida pensar en los centros que tienen bien resuelto este problema. Una pregunta que dejo en el aire: ¿si la escuela no enseña a los niños a utilizar las pantallas, quién se lo va a enseñar? Cuando ibas a la escuela a aprender a leer y escribir las cuatro reglas los maestros lo tenían más fácil. Hoy es más complicado, pero decían los creadores de la escuela republicana francesa que el papel de la escuela es transformar al niño en ciudadano.
P. ¿Qué momento atraviesa la educación en España?
R. De perplejidad. Hay fenómenos nuevos que resultan dignos de ser pensados. Por ejemplo, el malestar de los docentes. No había visto nunca una situación de tanto malestar entre ellos. No acaban de saber exactamente qué se les pide y cómo tienen que hacerlo. Están llenos de burocracia y me parece que muchos de ellos están fuera de juego. Segundo, el hecho muy relevante de que cada año, los padres dedican más recursos económicos a la educación extraescolar, lo que quiere decir que tienen que ir al mercado a importar el complemento que te hace falta en la escuela y, si es así, igual tendríamos que hablar menos de equidad. Porque si hay que acudir al mercado para completar lo que falta, quienes más tengan podrán acudir mejor.
P. ¿Los medios actuales fomentan los extremismos en la juventud?
R. La juventud siempre fue apasionada. Defino a niños y jóvenes como los seres que tiene más energía que sentido común para controlarla. Pasó en todas las épocas. Los hijos, además de sus padres, son hijos de su tiempo, pero no me preocupan los excesos que puedan tener los jóvenes, me preocupan mucho más que los adultos que tienen responsabilidades públicas nos den mejores ejemplos. Creo que los políticos debieran ser conscientes de que ellos también tienen una función educadora. No solamente son gestores. Tienen una función educadora ante la sociedad y si pierde esa función educadora se pierde lo más noble de la política.
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