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AGRESIÓN MACHISTA
Angie (35 años) se precipitó desde un cuarto piso de la plaza Andrés de Prada de O Barco el pasado martes tras recibir tres puñaladas en el tórax, una de ellas muy profunda. Huía de su marido, Carlos Orlando V.B. (43 años), una persona violenta, con pasado militar en su Colombia natal, porque supuestamente pretendía matarla. Meses, días y horas antes de emprender ese camino hacia el balcón por el que se lanzó a la desesperada, la víctima dejó un reguero de señales, más o menos sutiles, sobre su padecimiento doméstico.
En su círculo más cercano conocían perfectamente su miedo. Así lo recoge la jueza en la motivación del auto que envió a Carlos Orlando a prisión por tentativa de homicidio/asesinato. También en los Servicios Sociales del Concello habían detectado señales de maltrato. Y, esa misma mañana en el cuartel de la Guardia Civil, lo dijo sin decir (fue en busca de información para separarse del agresor).
A una compañera de trabajo le llegó a advertir que si no acudía a su puesto en la tienda de comida preparada o no le contestaba al teléfono que avisase inmediatamente a la Guardia Civil. Mostró abiertamente su temor porque él se comportaba de manera “extraña”. Su marido era “capaz de hacer cualquier tontería”, según le confesó a la testigo, y la estaba minando psicológicamente. Según esta versión, la víctima estaba pensando en denunciar “porque tenía mucho miedo”.
Esta confidente detalló aún más datos al instructor del atestado tras la detención del supuesto maltratador: “Me dijo que había acudido el lunes por la mañana -un día antes- a la Policía Local de O Barco para contar por lo que estaba pasando, pero cuando llegó no se encontraba la persona que lleva este tipo de casos y le dijeron que fuera por la tarde a denunciar ante la Guardia Civil”. Este indicio de desatención tendrá que confirmarlo la propia víctima, si es que sobrevive, porque no consta en el sumario que la Policía Local barquense lo haya admitido.
Los Servicios Sociais del Concello sí corroboraron en un informe remitido a la Policía Judicial de la Guardia Civil que la perjudicada acudió al Centro de Información á Muller (CIM) en tres ocasiones desde el pasado mes de febrero.
Angie recaló el día 4 de ese mes en el CIM derivada por la técnica del Plan de Inclusión que la atendía previamente al considerar que podía haber indicios de violencia de género. En esa primera entrevista, ya confesó maltrato psicológico por parte de su pareja, el padre de su hijo de cuatro años, aunque en su país había sido físico. Y mostró su temor a las consecuencias de una separación por si él se iba a Colombia y se desentendía del menor. En esos momentos, estaba desempleada. En el CIM le dieron una cita con la psicóloga pocos días después y la anuló.
Posteriormente, acudió de nuevo el 31 de marzo para recibir información sobre el proceso de custodia ante la creencia que Carlos Orlando V.B. se iba a ir a Colombia. En el centro le agendaron una cita con la abogada el 24 de abril. En esta última atención, se le ofreció asesoramiento legal sobre el proceso de custodia ante una separación.
El peregrinaje de Angie por las instituciones para dejar constancia de sus problemas también incluyó una parada en el cuartel de la Guardia Civil de O Barco dos horas y media antes del fatídico desenlace. Según la Guardia Civil, acudió para realizar una consulta. Relató al agente a cargo del servicio de atención al ciudadano que estaba en proceso de separación de su pareja y que había muchas discusiones entre ellos, pero que nunca la había agredido y que no quería denunciarlo. El guardia civil la invitó a hablar con los efectivos del equipo especializado en violencia de género. “Inmediatamente -asegura el Instituto Armado en su diligencia de exposición de hechos- conducen a la mujer a un despacho donde se le pueda ofrecer la privacidad que no se le pudo otorgar en las puertas del acuartelamiento”.
En esa toma de contacto con los agentes especializados, fue reacia a dar el nombre de su marido, haciendo hincapié en que solo quería informarse. Sin denuncias de por medio. Quiso minimizar su temor reduciéndolo a un problema de convivencia en una relación rota y que solo quería que se fuera de la vivienda alquilada que compartían en el cuarto piso del número 3 de la plaza Andrés de Prada.
La Guardia Civil sostiene que la mujer negó agresiones o amenazas. Del cuartel barquense, salió con una nueva derivación y tres números de teléfono: los agentes le recomendaron que acudiese a la trabajadora social. La víctima anotó el teléfono del puesto, el de emergencias de la Guardia Civil y el 016 (es el número telefónico de información, asesoramiento jurídico y de atención psicosocial inmediata a todas las formas de violencia de género).
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