1876: ¡Señor Watson, venga aquí...!

Publicado: 21 mar 2026 - 00:15
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Casualmente, ojeando una revista semanal, encuentro el recuerdo histórico de un 10 de marzo del que se cumple el 150 aniversario, el del teléfono. Un joven científico escocés de nombre Alexander Graham Bell, encontrándose en un laboratorio de Boston, derramó ácido sulfúrico sobre sus pantalones y gritó: “¡Señor Watson, venga aquí, quiero verle!”. Watson estaba en una habitación contigua, lo oyó… a través de un cable eléctrico. Era la primera vez que una voz humana de transmitía eléctricamente con claridad. Para conseguirlo, Bell utilizó una membrana vibratoria con una aguja sumergida en una copa con agua diluida con ácido sulfúrico, lo que facilita la conductividad eléctrica. Por eso el accidente con el sulfúrico. Bajo este experimento nació el teléfono, y a partir de ahí una nueva época en la historia de las telecomunicaciones. Bell no sabía nada de electricidad; era tutor de sordos. Así, aunque con más detalle, lo cuenta la historia; y sin adentrarnos en lo sucedido con el lío, batallas legales incluidas, de las patentes, que 150 años después sigue sin aclararse.

También en 1876, un arqueólogo, el alemán Heinrich Schliemann, consiguió uno de los descubrimientos más famosos de la arqueología, al excavar las antiguas ruinas de Micenas, en Grecia. Entre los hallazgos apareció una impresionante -dicen los libros- máscara de oro, que cubría el rostro de un antiguo gobernante micénico. Heinrich creyó haber encontrado el rostro del legendario Agamenón, el rey que según los griegos lideró los ejércitos contra Troya. Transcurrido el tiempo, los estudios sobre arqueología concluyeron que la máscara es varios siglos anteriores al rey de la mitología. Pero, hoy en día, la máscara continúa siendo objeto icónico de la arqueología griega, al tiempo que generó supersticiones, al decir que traía mala fortuna. De ahí el misterio que siempre rodeó las tumbas de Micenas.

Bajo este experimento nació el teléfono, y a partir de ahí una nueva época en la historia de las telecomunicaciones

También en 1876, concretamente el 2 de julio de ese año, nace Harriet Brooks, reconocida por ser investigadora de las transmutaciones nucleares y la radiactividad. Además de ser la primera mujer en la Universidad de McGill –conocida como la “Harvard de Canadá”- que recibió un título máster, en 1901. Tras recibir el título, bajo la dirección de Rutherford, realizó experimentos para dar con la naturaleza de las emisiones radiactivas del torio, que sirvieron de base para el desarrollo de la ciencia nuclear. Fue de las primeras en determinar la masa atómica del radón, que había sido descubierto en 1909 por Friedrich Ernst Dorn.

¡Ah!, nos encontramos en el primer trimestre de 2026. Ya el año parece una eternidad por la serie de acontecimientos absurdos sucedidos, que contrastan diametralmente con los del 1876. Comenzó el primer día de este año con 40 muertos y decenas de heridos, debido al incendio de un establecimiento de ocio en Crans-Montana (Suiza), durante las celebraciones del Año Nuevo. Dos días después, el 3 de enero, el Ejército de Estados Unidos bombardea Caracas y captura a Maduro y esposa, y se los lleva… A continuación, el 18 de enero, el accidente ferroviario en Adamuz deja más de 40 víctimas mortales; hoy no se sabe fehacientemente -o no se desea saber- la causa. Todo son conjeturas mientras se deja enfriar el ambiente. Tengo envidia de las investigaciones, con muchos menos medios, de 1876. El 28 del último mes de febrero, Estados Unidos e Israel atacan conjuntamente con misiles Irán. ¡Y estamos en el primer trimestre del año! Las guerras y los accidentes, provocados o por la miseria humana, sustituyen a la ciencia, a la investigación, a descubrimientos para el progreso de la humanidad.

En ocasiones la sinrazón humana llama a ser actualidad, aunque sólo sea por quedar bien o crear noticia

Esta vida mundana es puro contraste. En ocasiones la sinrazón humana llama a ser actualidad, aunque sólo sea por quedar bien o crear noticia, a sabiendas de que no es muy difícil cambiar el curso de la historia, hace opinión. En el año 2026, pleno siglo XXI, estamos examinando lo que ocurrió en la América del S. XV. Vamos a reescribir la historia. ¿Poseemos categoría para analizar y dar opinión sobre el llamado descubrimiento de América y colonización… casi seis siglos después? Opinar, argumentar hoy, lo ocurrido en el S. XV, parece un querer hacer cualquier cosa, menos objetividad.

Nunca es del todo inútil reflexionar sobre aquellas alternativas que en un momento dado puedan parecer imposibles, improbables y hasta delirantes (V. Havel). Lo dicho por Havel vale para lo mejor como lo peor del ser humano. Al menos empleemos el tiempo en lo productivo para la humanidad y las próximas generaciones, como lo hicieron anteriormente otros.

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