Daniel Montero
SUEÑOS DE OLIMPIA
1940: el Barça de los militares y falangistas
SUEÑOS DE OLIMPIA
Aunque algunos atribuyen al FC Barcelona un papel de resistencia, casi heroica, contra el Franquismo (1939-1975) lo cierto es que pocos clubes disimularon mejor su rebeldía que el catalán.
El régimen depuró sus elementos republicanos y decidió sus presidentes. Cierto, igual que al resto de clubes o federaciones, pues la Delegación Nacional de Deportes (DND) ejercició un control total desde 1941.
Entre 1939 y 1946 la DND del general Moscardó impuso militares en la presidencia del Barça. Los comandantes Enrique Piñeyro (1939-1943) y José Vendrell (1943-1946) fueron los dos primeros.
Ambos confiaron en la gestión del gerente republicano Calvet -curioso- y se rodearon de directivas castrenses. Militares o no, la pasión por el fútbol les desbordó por momentos.
Entre 1946 y 1968, la DND ya confió en la burguesía catalana. Los empresarios textiles Agustí Montal (1946-1952), Francesc Miró-Sans (1953–1961), Enric Llaudet (1961–1968) y el abogado Narcís de Carreras (1968–1969) dirigieron la gran expansión culé.
Piñeyro dimitió, en protesta por la polémica eliminación de Copa contra el Real Madrid de 1943. Algo impensable en la época, siendo Moscardó su superior en la guerra. Vendrell se gastó casi tres millones de pesetas en construir una nueva tribuna de hormigón en Les Corts y celebrar la liga de 1945 con primera “rua” de su historia.
El Barça se convirtió en centro de la alta sociedad barcelonesa, siendo el palco de Les Corts un cónclave militar blaugrana. Frecuentado por falangistas como Serrano Suñer, militares y ministros: José Solís, López-Rodó, Mariano Navarro o Torcuato Fernández Miranda.
Entre 1946 y 1968, la DND ya confió en la burguesía catalana. Los empresarios textiles Agustí Montal (1946-1952), Francesc Miró-Sans (1953–1961), Enric Llaudet (1961–1968) y el abogado Narcís de Carreras (1968–1969) dirigieron la gran expansión culé. Con la inestimable ayuda del régimen.
Al contrario que Santiago Bernabéu, enfrentado a la mayoría de ministros, el Barça mantuvo excelentes relaciones con la dictadura. El nuevo Chamartín se construyó con una colecta y material de estraperlo. El Nou Camp fue un monumental “pelotazo” de Franco.
En 1950 Les Corts se quedó pequeño para el equipo de Kubala. El presidente, Agustí Montal, compró unos terrenos donde el Ayuntamiento pretendía varias calles. Montal movió hilos. En 1951, el gobierno las suprimió. Montal otorgó a Franco la medalla de Oro del club.
En 1953 Miró-Sans comenzó la construcción del “Estadio Club de Fútbol Barcelona”, siendo su primo uno de los arquitectos.
El nuevo campo doblaba la capacidad de Les Corts, hasta los 99.000 espectadores. La obra duró tres años. Inicialmente presupuestada en 66 millones, ascendió hasta los 288.
El club estaba en quiebra en 1957. La única solución era vender los terrenos de Les Corts, calificados de zona verde, y precio irrisorio, por el Ayuntamiento.
Nueva llamada a El Pardo. El 13 de agosto de 1965, nada menos que el Consejo de Ministros, modificó el plan de urbanismo barcelonés y los recalificó como edificables. Una constructura pagó 228 millones y salvó al club. El presidente Enric Llaudet condecoró a dos ministros del consejo: López-Rodó y José Solís.
En 1970 el Barça necesitó un nuevo pabellón y pista de hielo para otras secciones. Una orden de la DND de Juan Gich, antiguo directivo, destinó 50 millones a fondo perdido para el Palau Blaugrana y el Palau del Gel. Agustí Montal (hijo) nombró ‘presidente de honor perpetuo’ a Francisco Franco.
Revisando la Historia, el verdadero “equipo del régimen” fue el FC Barcelona.
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