250 años de EEUU: la base económica

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La celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia recuerda que la cohesión de Estados Unidos descansa sobre un poderoso contrato económico, institucional y territorial.

Publicado: 05 jul 2026 - 02:20
Aviones estadounidenses sobrevuelan Nueva York un 4 de julio.
Aviones estadounidenses sobrevuelan Nueva York un 4 de julio. | Europa Press

La celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de EE UU invita a reflexionar no solo sobre la extraordinaria longevidad de su democracia, sino también sobre uno de los fenómenos políticos y económicos más singulares de la historia contemporánea: cómo un país de dimensiones continentales, construido a partir de sucesivas oleadas migratorias, profundas diferencias regionales y recurrentes conflictos políticos, ha logrado mantener durante dos siglos y medio una unidad nacional resistente.

La respuesta suele buscarse en los principios políticos proclamados en 1776 –la libertad individual, el gobierno representativo o la igualdad ante la ley–, pero existe otra explicación igualmente decisiva y, quizá, menos valorada: la construcción de un espacio económico compartido que ha actuado durante generaciones como el factor de cohesión.

La gran aportación histórica de EE UU no ha sido solo crear una democracia constitucional duradera, sino convertir la integración económica en un proyecto nacional. Desde los primeros años de la república, los padres fundadores comprendieron que la supervivencia política de la Unión dependía de la creación de un mercado interior capaz de generar prosperidad, movilidad social e intereses comunes entre territorios diferentes.

Esa intuición se convirtió en una de las grandes ventajas competitivas estadounidenses. Mientras Europa permanecía fragmentada en múltiples Estados, EE UU construyó un gigantesco espacio económico integrado, con una moneda única, instituciones federales fuertes, libertad de circulación y un marco regulatorio común que facilitó la acumulación de capital, la expansión empresarial y la innovación

La economía fue el principal cemento de la unidad de EE UU desde 1776, por lo que su actual fractura política con Trump es un riesgo

La historia económica del país puede leerse como la crónica de esa integración. La expansión ferroviaria del siglo XIX, la industrialización acelerada, la construcción de grandes infraestructuras, la consolidación del mercado financiero nacional, la creación del sistema universitario moderno o el liderazgo tecnológico contemporáneo forman parte de un mismo proceso: la transformación de una unión política en una auténtica comunidad económica.

Incluso la Guerra Civil, la mayor crisis existencial de su historia, tuvo una importante dimensión económica. La victoria de la Unión no solo preservó la integridad territorial, sino que consolidó un modelo económico federal, capaz de impulsar el crecimiento industrial y financiero que acabaría convirtiendo EE UU en la primera potencia.

Durante buena parte del siglo XX, este contrato económico implícito funcionó como un poderoso mecanismo de cohesión social. La expansión de la clase media, la movilidad geográfica, el acceso a la educación superior, el crecimiento de la productividad y la expectativa compartida de prosperidad reforzaron la legitimidad de las instituciones democráticas. El llamado “sueño americano” actuó, en realidad, como un gran proyecto económico nacional. Es una lección que Europa –léase la UE– no acaba de aprender.

A pesar de Trump, EE UU llegó a su 250 aniversario como la principal potencia económica, tecnológica y financiera del planeta. Sigue liderando la innovación global, concentra buena parte de las grandes empresas tecnológicas, mantiene el dólar como principal moneda internacional y conserva una capacidad de atracción de capital, talento e inversión sin equivalente histórico.

@J_L_Gomez

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