Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
Febrero, el coreógrafo breve
DEAMBULANDO
Noche fría, calidez que desprende el ambiente bajo techo del museo de la Alfarería de Niñodaguia donde siempre que uno venía a pedales bajando el alto do Couso serpenteando por hermosa y frondosa carretera se imaginaba mas que veía alfareros con su torno moldeando el barro traído de las cercanías que los expertos seleccionaban para hacer vasijas, tazas, ollas, potas, platos, tarteras y hasta tejas por allí se manufacturaban antes de la ubicación de las grandes tejeras hoy disminuidas. En un plácido anochecer novembrino, inminente la helada, desembarcamos en este museo creado por el celo de sus vecinos y al que posibilitaron las ayudas oficiales y sostiene el entusiasmo de los sucesores de aquella docena de alfareros que desde la rueda que manejaban con destreza iban integrando a la familia en la fabricación de objetos cerámicos a la sazón de gran demanda, ogaño de menos por la invasión y dominancia del más ligero plástico; pero ese sabor que el barro cocido da no se puede sustituir por el que el plástico ni deja, el hierro, el aluminio o el mismo acero. Habría que volver a la leña para posibilitar esa cocción o asado, barro cocido por medio.
A pan, no sé si del Caneco, tortillas, empanadas, bica y vino, no yo por abstemio, íbamos consumiendo la tarde de un temprano anochecer
Bajo el techo, de una más que nave museada, docenas del vecindario, invitados, y alguno colado motu proprio como es el caso, pero bien acogido. Presentación del acto por Pablo, el nuevo alcalde, que como joven que se precie desprende dinamismo con lo que no lo será difícil superar etapas. Dijo unas sencillas palabras amén de entrañables en esta muestra, mas que de los alfares que allí se exponían, de las fotos de vecinos con respecto al oficio, que se iban a entregar a cada uno de los en ellas plasmados.
A las breves palabras de presentación siguieron las del reconocido fotógrafo Angel Sotelo, loado por su arte y desinterés en prestar su trabajo.
En el acto nos damos de bruces con Eugenia, la ubicua gestora cultural, como ahora se dice a las que dinamizan esta área; debemos asumir eso de gestor, el que administra, aunque esta joven va más allá. Eugenia me parece un activo municipal que simpatía expande allá con quien conocimiento trabe con ese su desbordante entusiasmo esta licenciada universitaria que hasta dispuesta se la ve como para convertir el municipio en una campestre Florencia: festivales musicales, teatrales, exposiciones, celebraciones deportivas, usando el hermoso y semi desmochado claustro del mosteiro de Espadanedo, el de arcos renacentistas. De conversa con Nino, treinta años ha conocido, colaborador en todas las manifestaciones y eventos que los del parapente vivíamos con remate aprês vol (después del vuelo) en los bares del pueblo donde era obligada una visita a la panadería del Caneco que los hacía sabrosísimos, tanto, que con ellos solo almorzarías. Con Nino recordamos al alcalde Ricardo, que se implicó con el parapente, que impulsaban José R. Araujo y Aser Gil; Nino, ahora más ocupado por los cuidados de una madre centenaria que con hermanos comparte, una de esa super longevas de las que la provincia alardea, que aunque la movilidad ha perdido, aun la memoria conserva con los olvidos asociados a tan dilatada vida. Encontramos a Miguel, el licenciado conserje del Instituto de Enseñanza media de a Ponte, que aunque no de allí, vinculado por matrimonio con hija de alfarero. Con hornos interiores, dentro de este museo, que ahora a gas, con inesperadas hornadas o solamente esporádicas, cuando me llama la atención, a modo de mural una secuencia de alfarería de nuestro trashumante fotógrafo Pepe Suárez, el alaricano universal que hizo de la fotografía artístico oficio, aquí y por Europa; sigue Miguel llevándome y explicando, sin llegar al desbordante entusiasmo de su cónyuge, como las ollas podían contener vino., aceite, agua, por supuesto, leche en alguna ocasión, y botijos, teteras, chocolateras, que de todo cuanto del barro moldeado fabricaban aquellos alfareros, que por docenas manejando sus tornos y moldeaban el barro con su manos, cuando ahora solamente apenas dos subsisten.
A pan, no sé si del Caneco, tortillas, empanadas, bica y vino, no yo por abstemio, íbamos consumiendo la tarde de un temprano anochecer.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
Febrero, el coreógrafo breve
Fermín Bocos
La insostenible posición de Óscar Puente
Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Faltaría más
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Lo último
La Región
CARTAS AL DIRECTOR
La creatividad y la política
PRIMERA FEB
El COB se ahoga en Fuenlabrada (78-71)
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este jueves, 5 de febrero