La más alta costa de Galicia, donde lo agreste hace florecer el mito

DEAMBULANDO

Publicado: 07 ago 2026 - 05:40
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

La que va desde el cabo de Estaca de Bares hasta la punta Candeeira, por santo André de Teixido. Un desparrame visual invadido por intermitente turismo. En la Estaca donde dicen que el Cantábrico y el Atlántico se unen, aunque todos estos mares dentro de un mismo océano, ya la costa más vertical se hace, pasada hacia occidente la rasa da Mariña lucense, que vuelve a serlo por Espasante y Ortigueira donde ya a serra da Capelada surge como el gran paredón atlántico de toda la ibérica costa. Entramos por Cariño donde el Cabo Ortegal desafía al océano Atlántico internándose en el mar por sus rompientes aguillons, a modo de erizados islotes donde pocas posibilidades para un náufrago, lo mismo que la costa de esta sierra por la que transitamos un día cualquiera de este julio, que por los altísimos promontorios, nebulosa y ventosa como suelen estos montes azotados por el mar donde los aerogeneradores, de eléctrica producción continuada.

Ahora se nos muestra un Teixido colonizado por la música enlatada, los aparcamientos, los bares, los souvenir y el inminente eclipse…"

Yendo al empinadísimo Ortegal, luego de regatear entre las callejas de Cariño para no perderse, donde antes acaso algún visitante o ninguno, ahora a docenas en un lunes cualquiera de un julio de menos turística presión que agosto. Un cabo, que en realidad debería ser Cabo dos Aguillons, por los islotes en forma de agujas que se adentran en la mar; allí bajamos como zarandeados por el viento, por senda paralela a la asfaltada y precipitada pista que la mayoría afrontan en estas perpendiculares costas donde el océano batiente espumas produce, que los mitos dicen que de ellas brotó Afrodita en la isla de Chipre, leyendas que se trasplantan desde el mítico Mediterráneo a nuestro Atlántico, en medio de tal ventarrón que si barandal no hubiese caminaríamos con ciertos miedos. Saludamos en lo bajo a la mar océana a la que pensábamos rendir más reverencial tributo allá donde la montaña se cae al mar desde lo más alto de esta costa a más de 600 m. pero en pasando dos miradores que a la ria de Ortigueira dan y al extremo occidental del cabo de Estaca de Bares, continuamos sub intentione de asomarnos al mirador de la Vixía da Herbeira, la cumbre del itinerario, y antes visitar alguna mámoas cuando lo que en el Ortegal luminoso sol, aquí de nieblas tan bajas que la visión de apenas algunos metros. Hubimos de continuar al inmediato Santo André de Teixido, ese lugar donde ”pra non ir de morto hai que ir de vivo”. Rememorar que allí pedestre viaje rindieron desde esta Auria, allá por el año 27 del pasado siglo, los insignes peregrinos do Noso Camiño: Risco, Otero, Benchosey, que como relator llevaba al geógrafo que lo compendió en un libro, Pelerinaxes, renovada caminata poco ha por el mismo camino por Willy, Moncho Conde Corbal, Lamas, que los dos últimos plasmaron en otro libro, O Noso Camiño, de amena y documentada lectura.

Ahora se nos muestra un Teixido colonizado por la música enlatada, los aparcamientos, los bares, los souvenir y el inminente eclipse…

Pensábamos en un desvío a punta Candeeira donde faro y vistas, mas como la hora para el cierre del llantar, aceleramos hacia Cedeira y su popular Muiño Kilowatio donde te sirven raxo y marraxo, el primero de frituras de cerdo, en pequeños trozos, y el segundo, también, pero de ese tiburón pequeño, que por acá dicen así, ambos, los platos, de abundante y sabrosas patatas fritas, mas el abarrote era tal que desistimos, pero en una segunda pasada, posible fue hallar invisible hueco acomodándonos en la semicircular barra, cocina a la vista, lo que incrementaba el apetito abierto por tan tardía hora. Estas playas de fondo de ría como esa de Cedeira a la que llaman de Madalena y San Isidro, cuando realmente una sola, a modo de arenosas planicies que permiten baños alejados sin mojarte más allá de la rodilla. Aún quedaba la vista del otro arenal de la misma ría en forma de media luna, flanqueado por dos ríos, la playa de Vilarube, ahora de Loira, que siempre consideramos la más entre todas las hermosas de nuestro litoral, aunque tantas de tan gran belleza que uno se resiste a la exclusiva en esta nuestra costa del Eo al Miño.

Contenido patrocinado

stats