La amenaza en la sombra
Hace unos días, un amigo me contaba que, por ajenos testimonios, sabe que existe un amplio sector de la izquierda refugiado en la intransigencia que no va a cambiar su voto. Ha procesado que todo lo que ocurre se debe a una campaña de acoso al Gobierno maquinada por la ultraderecha, que todo lo argumentado es falso y que solo se sostiene en pie gracias a la colaboración de unos jueces pertenecientes al tardo franquismo, una prensa caciquil y mentirosa, y una oposición dominada por un fascismo cavernario, racista e intolerante.
Sin embargo e incluso en el hipotético caso de que todo eso fuera cierto que no lo es, lo que de verdad solicita una mayoría de la sociedad española es la disolución de las Cortes y una nueva consulta popular, habitual en cualquier país de estirpe democrática, en la que cada cual apoye en las urnas la opción que más le convenza y que si lo que representan los que ostentan el poder triunfa, todos a callar y a seguir que lo han dicho los votos.
Se trata por tanto de una opción engañosa que no solo se ha edificado sobre una catarata de mentiras históricas e interpretaciones interesadas, sino que su verdadera implicación en la vida nacional es mínima y solo se sostiene en virtud de una paradoja
Esa izquierda obsesiva que no va a cambiar de parecer seguirá fiel a lo que ocurre ahora y tolerará situaciones como la que se está planteando estos días, en la que un país se vuelca entusiasta con su selección de fútbol y pasea con orgullo los colores rojo y amarillo que nos son propios, demostrando al mundo que aquí cabemos todos, que este un país hermoso y pacífico, integrador y orgulloso de sí mismo y de lo que significa y al que el independentismo persistente en su ideario de separar, simplemente no le mola. Se trata por tanto de una opción engañosa que no solo se ha edificado sobre una catarata de mentiras históricas e interpretaciones interesadas, sino que su verdadera implicación en la vida nacional es mínima y solo se sostiene en virtud de una paradoja. Su verdadera representación es escasa y su importancia, cada vez más residual.
Sin embargo, por razones de reparto electoral, tienen secuestrado al Parlamento y al Gobierno que es muy consciente de la necesidad de cebar su apetito insaciable si quiere seguir manteniéndose. Y eso es vital porque sin ese paracaídas se corre el peligro cierto de acabar tomando la sombra.
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