La limpieza

EL ÁLAMO

Publicado: 23 jul 2026 - 02:10
La Región

Promete Feijóo una “limpieza a fondo” de las instituciones cuando llegue a la Moncloa. Teniendo en cuenta que el sanchismo ha logrado pervertirlo y ensuciarlo todo, desde los mandos policiales hasta Televisión Española, “limpieza a fondo” me suena excesivamente complaciente. Quizá deberíamos a hablar de una voladura total para levantar de nuevo el edificio. Hay áreas del sector público que hoy son un terrible foco de infecciones de enfermedades graves, todas ellas antidemocráticas, contrarias a la libertad y muy contagiosas. Quizá porque cuando pruebas el poder al margen de la ley, volver a someterte a normas resulta altamente frustrante, y delinquir parece más sexy.

Sea como sea, mi problema con la promesa de Feijóo es que nunca antes lo han hecho, y es una de las grandes cosas que se le echa en cara al PP. Que siempre lo promete y, al final, nunca lo hace, como cuando yo miro a los ojos a mi cesto de la ropa sucia y le digo “hoy, sin falta”. Si indagamos en las razones para no limpiar las instituciones al llegar al poder, hay tres que sobresalen: que es muy complicado, que levanta mucha polvareda y que despierta viejas rencillas con el partido saliente.

A favor de que esta vez lo hagan hay otras tres razones. Primero, que nunca ha sido tan necesario como ahora; segundo, que ya se han visto los dramáticos resultados de no haberlo hecho en anteriores ocasiones; tercero, que el partido saliente, cuando se trata del PSOE, siempre va a exhibir un odio ancestral contra el partido entrante, cuando se trata del PP, haga lo que haga.

La mugre que crece en todas las instituciones, en las más sensibles, es la que hay que atacar y no de una manera cosmética, sino que debe atajarse de raíz

La limpieza necesaria no consiste en borrar cargos aquí y allá para colocar a los muchos propios que estarán esperando su oportunidad después de siete años en el desierto. Eso puede hacerse o no -el PSOE siempre lo hace- pero no tiene nada que ver con la limpieza de la que hablamos. La mugre que crece en todas las instituciones, en las más sensibles, es la que hay que atacar y no de una manera cosmética, sino que debe atajarse de raíz. Investigarse, primero, atacarse después. Y, a ser posible, sin que haya ninguna concesión a la confianza en las buenas palabras -que las habrá- de los que busquen congraciarse con el nuevo Gobierno solo para salvar su sueldo y su influencia. Gran parte de lo que está pasando, y gran parte de la inmensa red de corrupción sanchista, tiene su origen en la negativa del anterior Ejecutivo popular a limpiar las cloacas.

Para esa gran limpieza, como para otras promesas populares que escuchamos en los últimos meses, será muy útil la presencia de Vox, que deberá presionar todo lo posible al nuevo Gobierno para que cumpla también con aquellas cosas que le costarán serias reprimendas de El País y la Cadena Ser, que son los dos grandes dolores de cabeza del PP desde los tiempos de Jesús del Gran Poder, como bautizó su amigo José María Martín Patino al difunto fundador de Prisa, en mote que después explotó durante años, ironía en mano, José María García.

Polanco murió hace mucho tiempo, la influencia de Prisa en la opinión pública es muchísimo menor, pero el PP sigue temblando ante la posibilidad de que el editorialista de El País se levante con el día cachondo y decida hacerle un traje. Quizá sea hora, en fin, de que Génova vaya dejando poco a poco la política de 1993 y despierte a la realidad de 2026. Hay una nueva y enorme masa de votantes jóvenes de derechas. Pero los jóvenes, precisamente, son de lealtades partidistas débiles y, sobre todo, no toleran las traiciones, mucho menos después de haberse comido siete interminables años de socialismo, miseria y corrupción, la tríada de sinónimos que mejor define la historia de España.

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