España campeona y sede de la final en 2030

Publicado: 23 jul 2026 - 03:10
La Región

Ningún otro motivo une más, a efectos identitarios, que el mayor éxito mundial en el “deporte rey”. Todos con un mismo grito, una misma bandera y compartiendo la misma ilusión. La segunda estrella volvió a darnos lo que no se aprecia en los números y porcentajes de la micro y la macroeconomía: orgullo y autoestima. Ese plus de vanidad, acreditada, que nos otorga ser los mejores y que exhibirán, por ejemplo, nuestros estudiantes en los programas Erasmus, mirando un poquito por encima del hombro a sus amistades.

Un resultado final que deja a un lado sombras y dudas, desde la convocatoria donde echábamos de menos decisiones “políticamente correctas”, como encontrar un lugar entre los 26 para algún jugador del club más laureado del planeta (aunque no jugara) hasta la no titularidad de Pedri, pasando por el empate inicial ante Cabo Verde. El seleccionador Luis de la Fuente consiguió el reconocimiento y la admiración unánime porque fue capaz de armar un verdadero equipo donde todos sabían lo que tenían que hacer y lo que no debían siquiera intentar. No sólo seleccionó, también dirigió. Venció y convenció: a propios y a extraños.

Con el pitido que sellaba la final brotaron recuerdos personales de todas las competiciones internacionales que he vivido desde 1967, un año después de nuestra primera Eurocopa, sequía que un gol de otro Torres, Fernando, remató en 2008 con el que marcó contra Alemania en Viena. Así pasaron por delante el gol del yugoslavo Josip Katalinski a Iríbar en Francfort que impidió que nos clasificásemos para el Mundial de 1974, el fallo de Cardeñosa ante Brasil en Argentina 1978, el gol de Maceda ante Alemania en la Eurocopa de 1984 que nos clasificó para las semifinales, también de cabeza y también ante Alemania, como el de Puyol el día de San Fermín de 2010 que nos llevó a la final contra Países Bajos en el Soccer City de Johannesburgo… momentos inolvidables como ver en mi casa el España-Rusia del Mundial 2018 acompañado de Emilio Butragueño, “el héroe de Querétaro”, autor de cuatro goles a Dinamarca en el Mundial de México 1986.

Cuando el avión de Iberia de nombre Paco de Lucía se posó en suelo español con la ansiada Copa del Mundo, la sensación de deber cumplido se instaló en todo el país

Semanas muy intensas en un campeonato que nada tenía que ver con los anteriores. Demasiadas sedes y selecciones, demasiado “business” que avalaba las controvertidas “pausas para la hidratación” o el interminable intermedio de la final. El dólar se dejó notar y trazó paralelismos con el espectáculo de los deportes que dominan el panorama norteamericano donde, en ocasiones, como tuve oportunidad de comprobar en la NBA, no todo el interés está en las canchas y el ambiente impone tanto como escuchar este pasado domingo a Jennifer Hudson entonar “a capella” el “Star-Spangled Banner”, himno nacional de EEUU, con letra escrita en 1814 por Francis Scott Key, abogado de 35 años y poeta sin experiencia.

Para que el triunfo fuera verdaderamente planetario necesitábamos un partido contra un país como Argentina, además el vigente campeón, pues los encuentros anteriores parecían propios de una Eurocopa: Austria, Portugal, Francia… Clausuramos las carreras mundialistas de Cristiano y Messi, derrotamos a la Francia de Mbappé, máximo goleador histórico de la Copa del Mundo. El tiempo siempre da y quita razones. Disfrutemos el momento.

Cuando el avión de Iberia de nombre Paco de Lucía se posó en suelo español con la ansiada Copa del Mundo, la sensación de deber cumplido se instaló en todo el país, incluso en latitudes donde el nacionalismo tuvo que afrontar una noche “horribilis”, donde cerró las ventanas para no oír el griterío y la celebración de los que portaban banderas y camisetas que les provocan todos los males, aunque sea la que figura en sus pasaportes, documento que deberían utilizar más. Recordé a ourensanos como Marco Rocha, comunicador que nos trasladó las primeras impresiones de la Familia Real tras el triunfo en Sudáfrica; o al ourensano-neoyorquino Víctor Prieto, del Berklee College of Music, que vio el encuentro desde Mugares (Toén). Un Newark donde residen ourensanos tan referentes como Antonio Vázquez. Un New York donde la huella ourensana se advierte también en la obra del arquitecto Jorge Martínez, con orígenes en Celanova, que diseñó la gran reforma histórica y el museo interactivo del edificio, incluyendo la exposición inmersiva e interactiva de King Kong en el mismísimo Empire State Building.

Este “equipo” de España partió a EEUU desde Galicia con un compostelano en la plantilla como Borja Iglesias y con la máxima autoridad también gallega, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, con quien tantos años compartí responsabilidades de gobierno mientras él era el responsable de la Diputación de Pontevedra. Él sabe que esta victoria zanja los debates sobre dónde se jugará la final del próximo Mundial. En 2030 viviremos la primera oportunidad para ser tricampeones del mundo con un plantel de jugadores donde estarán muchos de los actuales, algunos hoy por debajo de los 20 años de edad. Felicidades por esa doble victoria. Orgullo es poco. Con estrella, no estrellados. ¡Enhorabuena España! ¡Gracias España!

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