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En la época analógica, lo más parecido a un enamoramiento entre un humano y algo distinto a otro humano fue “Tamaño Natural”, la película de Berlanga, de 1974, en la que Michael Piccoli se enamoraba de una muñeca inflable. En la película “Her” de 2013, el actor Joaquin Phoenix se enamora de Samantha una asistente virtual con la voz femenina de Scarlet Johansson, que, lógicamente, mantiene relaciones con más hombres con problemas afectivos. En los años que han pasado desde entonces las IA han evolucionado más todavía y existen chatbots, como Replika, capaces de generar dependencia y apego emocional a la máquina y modificar su estado psicológico. En el nivel más básico de relaciones entre maquinas de IA y humanos está Alexa, a la que Amazon acaba de equipar con cuatro estilos distintos de personalidad, del relajado al atrevido según la elección del usuario, que puede ser un paso previo a algo más serio. Algo pasa cuando ya no basta ni Tinder y la gente recurre a los chatbots románticos para cubrir sus necesidades sentimentales y sexuales. Y antes se criticaban los cursillos municipales para que los chavales/as aprendieran a ligar.
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