Luis Sotelo
Anacronistas en el BNG
Una vez más, el BNG endurece su discurso y urge una “loita organizada” en pro de la autodeterminación de Galicia. Ha sido en esta ocasión la diputada por Ourense en el Parlamento gallego, Noa Presas, en declaraciones a través del denominado Movemento Arredista al que está vinculada, quien alienta a no quedarse en la reivindicación pasiva o en la mera consulta ciudadana.
“A única vía real para avanzar na superación da contradición nacional é o conflicto e a loita, e fortalecernos para construir un Estado independente”. Así se revelaba Presas con el trasfondo de la celebración del Día de Galicia. Sus palabras reflejan una confesión drástica de los dogmas más rígidos del independentismo. Al descalificar la vía autonómica y las consultas convencionales por considerarlas meras trampas pacificadoras y al apelar a un “movimiento de liberación naciona”l liderado por “la clase trabajadora”, la diputada del BNG se aleja de la vía de la centralidad política tan defendida por su portavoz, Ana Pontón, y renuncia al discurso de utilidad transversal reivindicado por ésta para adentrarse en una trinchera ideológica anclada en el comunismo más trasnochado y completamente desconectada de la realidad gallega.
Su mensaje se basa en la construcción de una amenaza colectiva e indivisible. Afirmar que “o Estado español procura asimilarnos e impide que poidamos decidir por nós mesmas”, no solo incurre en una generalización injusta y falaz, sino que reduce siglos de convivencia, vínculos sociales y complejidad política a un esquema maniqueo de opresores y oprimidos. Convertir a la ciudadanía del resto del Estado en un agente asimilador sustituye el debate político maduro por un sesgo identitario de tintes racistas que levanta muros en lugar de tender puentes.
Despreciar la votación formal de los ciudadanos como una simple “cesión” y rechazar los consensos porque legitiman un marco de dominación implica atacar las propias instituciones democráticas de las que también se forma parte.
Existe una contradicción entre ejercer como diputada en el Parlamento y sostener que la “solución autonomista” es solo una estrategia del Estado para neutralizar el conflicto. Despreciar la votación formal de los ciudadanos como una simple “cesión” y rechazar los consensos porque legitiman un marco de dominación implica atacar las propias instituciones democráticas de las que también se forma parte. El autogobierno gallego no ha sido una derrota ni una estrategia de pacificación, sino el periodo de mayor desarrollo, competencias e institucionalización de la historia de Galicia.
El marco que propone Presas peca de anacronismo. Recurrir a conceptos como el “conflicto de clases”, el “imperialismo” y la “dirección del proletariado” para trazar la hoja de ruta de una sociedad europea en el siglo XXI no es un ejercicio de vanguardia, sino de nostalgia doctrinaria. La diputada ourensana considera que “a independencia formal non implica automáticamente unha independencia real; polo tanto, é absolutamente fundamental que, para que a emancipación sexa auténtica, sexa liderada polo proletariado”. Adoptar una dialéctica marxista y la ruptura unilateral, terminan construyendo una postura ideológicamente dogmática y políticamente inoperante. Los retos actuales de la sociedad gallega, como son la crisis demográfica, la retención del talento joven, el fortalecimiento de los servicios públicos y la modernización de su productividad, difícilmente encontrarán respuesta en las tesis del Movimiento Arredista ni en la utopía de una nación aislada del resto del Estado. Este movimiento se autodefine como “un espazo con perspectiva revolucionaria e confrontada ao actual sistema” e representa una línea dura hacia el soberanismo y la construcción de un sistema comunista dirigido por la clase obrera.
La nostalgia revolucionaria no construye precisamente una propuesta integradora con capacidad de gestión. Este posicionamiento condena al soberanismo al aislamiento y Galicia no necesita rescatar fórmulas fracasadas en siglos pasados para reafirmar su singularidad cultural y política, ni requiere alejarse y enfrentarse al resto de España para construir su futuro.
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