¡Anda con una cara, pobre!
En una tira cómica de Mafalda, el gran Quino como solía hacer él nos pone encima de la mesa con esa rotunda crudeza infantil de sus personajes la dura y penosa realidad.
Es un diálogo entre Mafalda y Libertad, la pequeña amiguita de Mafalda cuyos padres son unos jóvenes y modernos izquierdistas muy politizados y contestatarios.
Mafalda: Y tu papá, Libertad, ¿a quién piensa votar en las próximas elecciones?
Libertad: Calláte… ¡Anda con una cara, pobre!
Mafalda: Ah, ¿todavía no se decidió por ningún candidato?
Libertad: Sí, se decidió, ¡anda con una cara, pobre!
Mafalda: ¿Por qué, piensa que ese candidato va a perder?
Libertad: No, piensa que va a ganar, ¡y anda con una cara, pobre!”
Esta pequeña tira cómica tiene unas cuantas décadas de antigüedad ya, pero como todas las grandes obras de la humanidad desde La Odisea, pasando por la Capilla Sixtina y hasta la Crítica de la Razón Pura, sigue siendo totalmente actual. Es lo que tienen los clásicos, que como James Bond y el mañana, nunca mueren.
Todos los partidos políticos están llenos de votantes fieles, cargados de buenas intenciones
Entre tanto analista y politólogo que hay disertando hoy por ahí, por aquí y por allá, al final tiene que ser una niñita imaginaria dibujada con un rotring, la que nos viene a explicar la realidad de forma que la entendamos.
Yo, exceptuando un par de veces que voté a Tierno Galván o a Julio Anguita y ya hace años de caray de eso, no recuerdo haber votado nunca a nadie en mi vida que me pareciera bien o me ilusionara algo. Así que me siento como el papá de Libertad.
¿Le pasa lo mismo a todo el mundo? Obviamente no. Todos los partidos políticos están llenos de votantes fieles, cargados de buenas intenciones (cada uno las suyas), que votan a sus candidatos con el irreductible entusiasmo y arrojo con el que un enamorado va al encuentro de su amada en plena noche desafiando cualquier peligro. Pero a mí ¿qué quieren que les diga? eso no me pasa.
Tengo unos parientes americanos que son declaradamente trumpistas. Trumpistas radicales. Los quiero porque son mis parientes (!), pero soy incapaz de entender cómo es posible que tras ver a su presidente aplaudir y apoyar el genocidio de Gaza, los ataques de Israel a Cisjordania y Líbano, o cargarse a doscientas niñas en un colegio iraní con un misil Tomahawk y hacer mofa pública de eso, sigan calándose una gorra de visera MAGA hasta las cejas y continúen yendo los fines de semana a aplaudir y jalear a ese tipo que es un asesino, a sus mitines. Y más aun: que vayan a volver a votarle otra vez la próxima vez.
Pero es que por incomprensible que pueda parecer (a fin de cuentas esos parientes míos son en el fondo buenas personas, se lo aseguro a ustedes), a ellos… les gusta Trump.
Yo como el papá de Libertad prefiero votarle a alguien que no me gusta.
Y sí, duermo bien. Gracias por preguntar.
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