Anne Carson en el Camino

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 13 oct 2026 - 01:10
Opinión en La Región
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El ahora concedido Premio Nobel de Literatura hará de Anne Carson (Toronto, 1950) un nombre definitivamente reconocido en el mundo de la literatura. Es improbable que su escritura trascienda los reducidos círculos de los espíritus entrenados. Porque el arte de Carson está hecho para lectores igualmente introspectivos, pacientes y también experimentales. Un arte para artistas. La escritura de Anne Carson aúna el poema, el ensayo, el análisis del lenguaje, las referencias de los clásicos griegos y latinos, la descripción de la naturaleza y una aspiración filosófica. Todo ello confluye en una escritura melancólica, íntima, profundamente anidada en el ovillo de experiencias, intuiciones y sensaciones de la autora.

En aquel tiempo, los caminos a Compostela eran rutas borradas por el desuso, sin apenas infraestructura para acoger peregrinos, atravesando un territorio agreste y castigado por el abandono rural y la emigración. Posiblemente las condiciones que el diario de Carson requería.

Entre lo último que se ha conocido de su obra está la crónica de un concierto de Rosalía. Se trata de un sistemático ejercicio forense de la seducción, bien distinta a la de sus fans, donde la voz de la cantante, sus letras, el cuerpo, las referencias religiosas, la comunión con los espectadores y, finalmente, el solitario ensimismamiento de cada uno de ellos al término del espectáculo, descubre una metáfora de nuestro tiempo. Escribió Ortega y Gasset que “el poeta aumenta el mundo”. Carson recorrió el Camino de Santiago, de Saint Jean Pied de Port a Fisterra, en el verano de 1983. En aquel tiempo, los caminos a Compostela eran rutas borradas por el desuso, sin apenas infraestructura para acoger peregrinos, atravesando un territorio agreste y castigado por el abandono rural y la emigración. Posiblemente las condiciones que el diario de Carson requería.

Las impresiones del viaje están recogidas en “Tipos de agua. El Camino de Santiago”. Apenas cien páginas que constituyen el libro de bitácora de la experiencia jacobea como hilo conductor del viaje interior. Cada capítulo se abre con un haiku y, entre ellos, unos pocos versos de Antonio Machado. Esta escritura esencial se traslada a la escueta pincelada de un paisaje, los nombres de las localidades de las sucesivas etapas; unas piedras doradas como trozos de pan dejados por anteriores peregrinos; una fuente; el color de los campos de León o el Pórtico del maestro Mateo, “construido como un beso”. El caminar de Carson es un andar hacia dentro, un trabajoso desplazamiento por el espacio y el tiempo que el caminar y el paso de las horas y los días logra desnudar de sus anécdotas y dejar en su esencialidad última. “La belleza no es una ilusión”, dirá. Un viaje al corazón de la luz.

Escribe Anne Carson: “No le dedico mucho tiempo a pensar en los géneros; lo que intento borrar es la preparación (…) y después procuro extraer la forma oculta, cuando todavía está húmeda”. Y qué otra cosa podrían ser el arte y el Camino.

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