Antón Giráldez
TRIBUNA
Territorio emprendedor
LA BELLEZA SIN TESTIGOS
El próximo 25 de julio se cumple el aniversario, el vigesimosexto, de la inauguración de la intervención artística de Agustín Ibarrola en los terrenos de O Rexo, en Allariz. El encargo se había producido dos años antes, en 1997. Un año difícil. ETA había asesinado el 13 de julio a Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua con raíces familiares en Os Blancos, localidad muy cercana a Allariz. Ibarrola era, en Euskadi, un activista contra ETA, mientras que los nacionalistas del Bloque, grupo gobernante en la localidad, mantenían relaciones de colaboración con el entorno político de la banda armada.
Pese a estos antecedentes o gracias a ellos, Ibarrola y el alcalde de Allariz, Anxo Quintana, se entendieron: éste buscaba proyección en el ámbito político gallego y aunque el artista vasco no quedó del todo complacido con la gestión posterior que el ayuntamiento hizo del espacio por él intervenido, supieron encontrar un cauce para la colaboración. Aun en 2010, Ibarrola lamentaba que, a diferencia de Oma, el bosque transformado con sus pinturas a escasos 15 km de Gernika, donde se escuchaban todas las lenguas de sus innumerables visitantes, o en Llanes, localidad costera asturiana que aprovechaba con fines turísticos su trabajo en los bloques de hormigón de las escolleras del puerto, en Allariz, la intervención de O Rexo pasara inadvertida.
Entre el nacionalismo gobernante en Allariz y Agustín Ibarrola, estaba el puente tendido del arquitecto César Portela con quien, antes y después de esta intervención, el artista vasco colaboraría en diversos proyectos. Portela era, y lo sigue siendo, el espíritu inspirador del Allariz moderno nacido tras la Revolta de 1989. Un movimiento ciudadano, liderado por los nacionalistas de izquierdas, que redefinió las pautas urbanísticas, medioambientales y de desarrollo que diferencian e impulsan la localidad del Arnoia.
El ecoparque de O Rexo, una explotación ovina con posterior transformación de los productos derivados, sigue siendo hoy un proyecto singular que ha logrado integrar las actividades alrededor del ganado y la leche, con un espacio para el ocio y el arte en plena naturaleza. Ibarrola era ya un artista contrastado en el land-art, y con una trayectoria solvente en el arte contemporáneo español, como atestigua su protagonismo en Equipo 57 o la crítica social, el realismo y el expresionismo, en favor de las luchas obreras y políticas de los años 60 y 70. Las intervenciones en el Rühr alemán, utilizando traviesas de ferrocarril, o en los troncos del pinar en Oma, tuvieron un impacto artístico y social indudables. Han cumplido con la pretensión de la propuesta del Equipo 57: la reutilización material transformando el medio.
Con estas iniciativas, el arte de Ibarrola sale de los museos, las galerías y las colecciones privadas, para ofrecerse al público. No remite a sofisticados o herméticos mensajes interpretativos. Interactúa con la naturaleza, con las formas de los árboles y rocas, los efectos de la luz, el color y la perspectiva; con los llenos y vacíos de todo ello. Ibarrola invita al juego y a descubrir miradas siempre nuevas y sorprendentes que él ha tenido buen cuidado de pensar e investigar detenidamente antes de trasladarlas a la naturaleza, insertándose en ella. Por eso, sus intervenciones no desvirtúan la potencia de la naturaleza, no se imponen al paisaje. Bien al contrario, redescubren las posibilidades de éste, potenciándolo, evidenciando su profundidad, los efectos visuales hasta entonces quizá solo presentidos, dando nuevos sentidos al color, las luces, los reflejos del agua en los árboles de la ribera del río, la orientación del sol o el paso fugaz de las nubes que iluminan lo que, al momento siguiente, permanecerá en penumbra.
Sesenta toneladas de granitos diversos y bloques de pizarras, junto a los alisos, abedules y algunos pinos de las riberas del Arnoia, son los soportes del trabajo de Ibarrola en O Rexo. Un número de piezas a todas luces excesivo y una distribución sin duda abigarrada y demasiado densa. Desconocemos los criterios que el artista mantuvo al respecto. Trabajó personalmente allí, ayudado por un grupo de estudiantes de Bellas Artes; antes había preparado minuciosamente pequeñas maquetas –que se guardan en el ayuntamiento alaricano- y obras terminadas con maderas pintadas y figuras creadas con papel maché que se expusieron, junto a las imágenes de O Rexo, en el madrileño Círculo de Bellas Artes, “Agustín Ibarrola Arte y Naturaleza”, 1999.
En el libro catálogo de aquella muestra, el propio Ibarrola deja testimonio de algunas de las ideas que él lleva a la práctica para sus intervenciones en el medio natural. Traslucen, todas ellas, una profunda reflexión y observación de la naturaleza y de los medios utilizados por el artista. Me limito a transcribirlas:
“La pintura ha de ser algo que se independice totalmente del orden establecido por la naturaleza. Incorporada la pintura, la naturaleza adquiere otras atmósferas y el paisaje se transforma, pero para ello hace falta que se vea el instrumento mental del hombre”.
“No es la pintura la que tiene que entrar dentro de la naturaleza, sino la naturaleza la que amalgama y llena de matices la pintura”
“Los colores más indicados en la naturaleza son los planos, los colores primarios”
“Pinto en los árboles y en las rocas porque prefiero los grandes formatos para relacionarme con las estrellas, la vida y las personas”
“Si se trazan unas líneas gruesas deben aparecer en su condición de líneas, con capacidad de estructurar una forma o lo que sea. De lo contrario se confunden con la naturaleza. Las pinceladas de color deben ser muy precisas y contrastadas con los fondos y con los colores que entre los pinos trasluce la vegetación. Si no es así pierde identidad la presencia misma de la pintura y además se devalúa el sentido de lo que se está haciendo”.
En O Rexo, un lugar en buena medida todavía desconocido, la obra de Ibarrola ha sido restaurada. La pintura aplicada a finales de los noventa se había degradado hasta el punto de comprometer la intervención artística. El ayuntamiento de Allariz en colaboración con la familia del artista, aprobaron un plan de restauración gracias al cual, el proyecto inicial ha recuperado una nueva vida. Faltan los árboles, la intervención en ellos que, al crecer en volumen y altura, han perdido sus viejas cortezas pintadas. Las gruesas líneas, los puntos y las masas de color cubren las piedras que, en su inmovilidad e imperturbabilidad ante el paso del tiempo y los cambios meteorológicos, van adquiriendo el valor simbólico del tótem, del menhir, en un campo que, junto al Arnoia, accede ya a la categoría de lo sagrado. La búsqueda del arte en la naturaleza no es una línea de trabajo sin precedentes en Galicia, en el arte contemporáneo hecho en el país. Me vienen ahora a la memoria las piezas megalíticas de Manolo Paz, frente a la Torre de Hércules; las maderas pintadas de Manuel Ruibal y, sobre todo, la aguda, sensible y genial acción en el paisaje y con los materiales arrojados por las mareas o encontrados en la naturaleza, reinterpretados por el artista guardés Jorge Barbi. Con todo, el arte moderno en Galicia y particularmente en Ourense, ha sido proclive a la representación naturalista y en particular a dibujar, pintar y modelar la figura humana. La abstracción y el juego de perspectivas propuesto por Ibarrola, incluso la reutilización de materiales industriales –como las traviesas de ferrocarril- dándoles una nueva función, son ajenos a la tradición local. En este sentido puede explicarse la indiferencia con que la comunidad artística ourensana recibió el trabajo de Ibarrola.
Ahora O Rexo, en su obstinada soledad, vuelve a lucir en todo su esplendor, invitando a las ocasionales reuniones festivas comunitarias o, como es mi caso, al deambular que invoca a la reflexión y al recogimiento. Agustín Ibarrola, que nos dejó en 2023, recomendaba “cargarse de energía sensual, visual y estética al contemplar las pinturas del bosque y poder construir un espacio plástico propio solamente con los desplazamientos”. Al fin, el distanciamiento con que el gobierno de Allariz gestiona este legado artístico, puede ser una inesperada oportunidad para su mejor disfrute.
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