Berto Manso
LA OPINIÓN
Ese llega hasta donde se llega
Es la tinta. Desde ella, con su licuescencia y densidad, mas o menos líquida, el maestro hace aparecer el dibujo. Trazado este con pluma, plumilla, o con grafito, con sus diferentes durezas, sin olvidar la cálida sanguina, la mano escribe en imágenes el sentir del artista, y lo plasma sobre el papel, y sus variados tipos, haciendo trazos y tramas. Mas que no falten las sombras, siempre esencia visible de ese algo, árbol, figura, vida, y que tanto suelen obviar como podemos apreciar en tantos y tantas obras al óleo. Luego, está el noble y complejo mundo del grabado... Aludía antes a la tinta, y en nuestros días, fuera de las salas de arte, vemos su utilización en los tatuajes de cientos de humanos, en lo que no solemos reparar. La piel, esa que el grabador dibuja con firme pulso en la plancha, con decisión y paciencia, un savoir faire técnico muy laborioso que parece retroceder ante la serigrafía, más simple y veloz en resultados.
Hay una gama de cuadros en las que hay un acusado polo de hiperrealismo, que es más propicio para mostrar habilidades al modo de Zeuxis
Así vemos en Celanova, A Casa dos Poetas, en cuyo espacio expositivo hay desde hace días una colectiva itinerante de Afundación/Abanca, creada desde sus más que notables fondos plásticos, herencia de las Caixas de Aforros de Ourense, Vigo y A Coruña, y que su división cultural ha seleccionado para exhibir más allá de las capitales provinciales y grandes ciudades, localidades de poso y peso siempre con impacto comarcal, haciendo desde ellas un circuito. Así llega Arte en Tinta tras haber estado en Verín y en Narón, A Coruña, de donde ha pasado a Lalín, Pontevedra. De sede en sede, el elenco de obras varía ligeramente en número aunque el núcleo amplio se mantiene. Hay una gama de cuadros en las que hay un acusado polo de hiperrealismo, que es más propicio para mostrar habilidades al modo de Zeuxis, el celebrado artista ateniense del siglo V a.C., quien al descubrir en la plaza su obra vio como las aves picotearon las uvas pintadas; y en otras domina la abstracción: es, siguiendo el símil, el modo de Parrasio, que pintó una tela en su obra, confundiendo a su vez a aquel y al propio jurado de la calidad de lo realizado, venciendo y convenciendo este, según Plinio, quien así lo relató en la época romana... Vamos, dos hiperrealismos, uno figurativo, el otro de objetos, aquel para la vista, y el que prefiere lo velado y oculto.
De las litografías de Ann Heyvaert, sobre impresión digital y acabado con lápiz centradas en Galicia, a Rafael Canogar, Sicilia y José de Guimaraes; o Antoni Clavé, este con carborundum, lo que me hizo recordar alguna de Antón Pulido, que me impresionó en su día. O las xilografias de Jesús Núñez, unas y otras desde piedra y madera. Las más numerosas son las hechas al aguafuerte. Así Vicente Arnás, Broto, Facal, Roberto González, Quetglás, Jorge Castillo, José Hernández o Carmen Laffón. Son significativos los de Antonio Tàpies, y Quintana Martelo, los de este, de una poética belleza, realizados además con aguatinta y manera negra. Ya a la punta seca Eduardo Naranjo y el escultor Chillida, y Berta Cáccamo con serigrafía. Goyanes Arroyo y Toral completan el elenco, en el que está también Xaime Quessada.
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