José Antonio Constenla
MI PLAN PERFECTO
Estoy otra vez allí
DEAMBULANDO
Estábamos en esa llamada retaguardia del 36 al 39 de un pacificado territorio por la fuerza de unos militares de segunda fila que se sublevaron contra sus mandos generales a los que asesinaron sin piedad. Ya no era un levantamiento como al uso en el XIX, guerras Carlistas incluidas, era algo más serio y sangriento con un director planificador, Mola, cuyo principio era eliminar al que no pensase como ellos y así se aplicó este programa en Ourense con los militarotes tenientes coroneles Soto y Casar al frente, fusilando en O Polvorín, paredón del cementerio de San Francisco y los falangistas “paseando” en las cunetas a centenares de fieles a la República. A lo largo de aquel trágico verano de 1936 fueron habituales las sacas en los monasterios de Celanova y Oseira donde habían encarcelado a muchos republicanos. Alcaldes leales al régimen republicano, concejales… fueron pasados por las armas. Así llegó la pax franca (de Franco) de los rebeldes que convirtió como en granero abastecedor de los frentes nacionalistas a esta Galicia.
Ya en agosto los rebeldes consolidaron el golpe y las derechas, falangistas, requetés, monárquicos y la iglesia camparon en terreno conquistado. Se llenaron las iglesias de tedeum, las misas pro salvatio mundi se multiplicaban en esta retaguardia, mientras se exhibían procesiones que arrastraban a fieles y conversos salvapellejos.
Comenzó la persecución del pensamiento contrario, el adoctrinamiento, mientras se purgaban las escuelas de maestros republicanos de los que pocos sobrevivientes para contarlo; al mismo tiempo se implantaban las doctrinas filonazis de esa Pilar Primo de Rivera a la que se quería casar nada menos que con el que iba a ser amo de Europa, Hitler. Esta Sección Femenina primoriverista que tanto castró la libertad de las mujeres educando fieles sumisas a un casto matrimonio donde los maridos amén de ejercer la patria potestad total podían violar, o matar en caso de sorprender a sus cónyuges en pleno coito, sin que conllevase pena alguna para el asesino. Esa Sección podía en sus internados someter mentes y cuerpos.
No extraña que el miedo se instalara entre los propietarios cuando veían en sus fincas a los revolucionarios proletarios haciendo reparticiones a futuro de lo ajeno despojando a los burgueses
Su equivalente en masculino fue el Frente de Juventudes. Pero este cultivo de una retaguardia fiel se sustentaba, en los primeros tiempos de la rebelión, en las bendiciones eclesiásticas de una institución escarmentada por los fusilamientos de sacerdotes por parte de grupos revolucionarios descontrolados en zona republicana a los que el Gobierno se veía incapaz de meter en cintura
De esto cuenta “en a Sangre y Fuego”, Chaves Nogales, el mejor relator de nuestra guerra, junto a David Uclés en la “Península de las casas vacías”.
Si los vencedores detentaron el poder omnímodo haciendo que el uso de la cosa pública fuese a modo de botín de guerra dejando cualquier caso de corrupción de hoy en una baratija, amén de lucrarse de los bienes de los vencidos, en una represión que alcanzaba a todas sus propiedades. El todos fuimos perdedores en la guerra es una falacia esgrimida a conveniencia.
No extraña que el miedo se instalara entre los propietarios cuando veían en sus fincas a los revolucionarios proletarios haciendo reparticiones a futuro de lo ajeno despojando a los burgueses. Esto, naturalmente, creó un clima propicio para “restablecer” lo que ellos orden llamaron fomentando el alzamiento contra la República.
La represión ejercida por los sublevados, que costaría por miles los asesinatos solo aquí, contó con el beneplácito o el mirar para otro lado de las llamadas gentes de orden, y, claro, sin este soporte justificativo acaso podrían evitarse tanta barbarie que consecuencia de la doctrina Mola de erradicar hasta el pensamiento con la eliminación física de quien no pensase lo mismo. Ese soporte de apoyo lo dieron las élites y sus satélites, algunos poseídos por el miedo, otros por la venganza, los más por las pérdidas patrimoniales. El miedo paraliza, hace conservadores a los más liberales, y el que más, quiere salvar el pellejo. ¿Culparemos de ello a algunos prohombres de la cultura que hubieron de nadar y guardar la ropa? Figurar en una lista de proscriptos, como las de Sila en Roma, era cual sentencia de destierro o muerte.
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