Las barbas del vecino

TINTA DE VERANO

Publicado: 21 oct 2026 - 05:10
Opinión en La Región
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Antiguamente, mientras procedían a rasurar la barba de un cliente, los barberos ponían a remojar las del siguiente. De ahí surgió el refrán “cuando veas las barbas de tu vecino rasurar, pon las tuyas a remojar”. Este dicho -del que ya se tiene noticia en obras literarias del Arcipreste de Talavera (1398-1470), Hernán Núñez- versa sobre la prudencia, advirtiendo para prepararse ante errores ajenos, en circunstancias similares a las propias, evitando así cometerlos.

Este fin de semana, una serie de protestas que comenzaron en Francia vinculadas a estudiantes de institutos y universidades, con quejas por el deterioro de los centros educativos, falta de profesores y medidas presupuestarias consideradas duras, desembocó en una oleada de violencia en varias ciudades. El mayor símbolo fue el incendio que arrasó Ayuntamiento de Limoges, edificio centenario del lugar famoso por su porcelana.

Macron afronta los últimos meses de su presidencia con las elecciones de 2027 por delante -a las que no puede presentarse-, un Parlamento fragmentado y unas cuentas públicas que limitan la capacidad de su Gobierno para responder al descontento mediante gasto público; a diferencia de lo sucedido en 2019, con las manifestaciones de los llamados chalecos amarillos, donde pudo amortiguar parte del conflicto por la vía de concesiones económicas.

En aquel entonces, el presidente francés respondió al malestar con miles de millones de euros en medidas de alivio. Ahora se encuentra ante el problema contrario, pues los manifestantes piden más gasto cuando los mercados, Bruselas y la propia aritmética presupuestaria le exigen contenerlo. El problema ya no es solo que la gente proteste; es que el Estado tiene menos capacidad para comprar tiempo mediante concesiones.

Ciertamente, Francia prevé cerrar 2026 con un déficit público de alrededor del 5,4 % del PIB, con el objetivo para 2027 de bajarlo al 5 %, pero incluso eso sigue siendo muy elevado. La deuda pública se sitúa alrededor del 119 % del PIB y puede superar 120 % en los próximos años. Además, el coste de financiación francés ha aumentado considerablemente. Y hay gastos que crecen solos: pensiones, sanidad y defensa absorben cada vez más recursos.

A todo ello hay que añadir que Francia tiene, en este momento, un problema de credibilidad

A todo ello hay que añadir que Francia tiene, en este momento, un problema de credibilidad. El diferencial entre el bono francés y el alemán ha aumentado considerablemente, mientras los inversores miran con preocupación la incapacidad del sistema político para aprobar un presupuesto estable. Por eso tampoco cabe resolver los disturbios con un simple “más dinero”. Habría que ofrecer algo distinto: un pacto explícito.

El Estado debería entonces reconocer qué servicios puede ofrecer, cuánto costarán y quién los pagará. Y, a cambio, garantizar que, si hay ajustes, no recaerán exclusivamente sobre quienes tengan menos capacidad para soportarlos. Dicho de otro modo: Francia necesita gastar menos precisamente para poder seguir siendo capaz de hacerlo donde realmente lo necesita. Por eso, la solución debería ser tanto política como contable.

El problema es parecido aquí, pero menos urgente, al estar hoy creciendo más, con el déficit y la deuda bajando. Pero la situación española actual puede ocultar el problema de la próxima década, con las pensiones de la generación del “baby boom” en el horizonte. España no tiene ahora mismo una crisis fiscal, sino quizás algo más peligroso: tiempo para evitarla. Posiblemente, somos el próximo cliente del barbero.

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