Víctor González
Un millón
Hoy ya no se puede decir que medio país debate sobre el tema de la vivienda. De hecho, no deja de ser sorprendente todas las manifestaciones cruzadas al respecto. El primero, y bastante significativo, es el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, al que le faltó culpar al gato del fracaso en el Congreso de la Ley Maricarmen del gobierno del que forma parte. El ministro se presentó ante los medios con un cabreo de mil pares de cojones, acusando a PP, Vox y Junts de votar “no contra el Gobierno, sino contra la clase trabajadora, con sus nombres y apellidos”, anatematizándolos por cada futuro desahucio, ausencia de renovación de contrato o subida de alquiler.
Bustinduy es un caso aparte porque, más allá de su formación como politólogo -igual que Óscar López y otros más por el estilo-, siendo doctor y habiendo impartido clases en distintas universidades, se le coló a sus 13 años de plena consciencia de dónde salía la pasta que le pagaba el Colacao del desayuno de su adolescencia y en que fue su señora madre -porque, sin lugar a error, el ministro es hijo de madre-, María Ángeles Amador Millán, que no solo fue Ministra de Sanidad en el Gobierno del PSOE entre 1993 y 1996, sino que formó parte del Consejo de Ministros que aprobó la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) en 1994, que acabó con los derechos que tenía Maricarmen para quedarse en aquella casa que su padre alquiló al abrigo de las sucesivas leyes de Franco, de Viviendas Protegidas de 1939, la de Viviendas de Renta Limitada de 1954, y la Ley de Viviendas Subvencionadas de 1957.
Así las cosas, queda claro que Bustunduy, navegando en una piragua por “ríos de color púrpura”, a sabiendas de su conocimiento de la historia y lo que se coció en su casa, no tiene pudor a la hora de mentir y engañar a los ciudadanos, y es que hay cosas para las que estudiar Ciencia Política ayuda mucho a la hora de embaucar a la ciudadanía, sin despeinarse ni un pelo.
Tras aquella LAU siguieron otras leyes que empeoraron un panorama de la vivienda en el que cada vez hay más ciudadanos
Pero eso no es algo que sorprenda en un conglomerado de gente como el LGTB, que hace ondear su bandera multicolor, bañando con el arcoíris la efigie de Ernesto Guevara, un guerrillero que, llegado a ministro, participaba de un gobierno en Cuba que aún hoy encarcela a cualquier persona que no se identifique como heterosexual. Resulta curioso ver cómo los mismos grupos rechazaban primero a Ciudadanos y luego a Vox —se deduce que no llegaron a conocer a Fuerza Nueva ni Falange—, pero aplauden a los gobiernos mundiales basados en califatos que, a la mínima sospecha, ahorcan colgados de una grúa a aquellos que consideran homosexuales, sin entrar a discernir ni valorar si son intersexuales, con toda la pluralidad diversa que conlleva.
Nada que extrañar de un grupo humano que le hace la ola al fallecido Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, al que celebran como un honesto político obviando sus diez años de cárcel por ser un guerrillero anticapitalista que atracaba bancos y, cuando las entidades de crédito afinaron su seguridad, se dedicó a saquear tiendas y comercios de barrio. Esto es absoluta coherencia con la altura moral que la izquierda siempre pregona, y que tiene su reflejo en el icono por excelencia de la izquierda española, el expresidente Zapatero, que zozobra judicialmente entre la corrupción, las mordidas, el abuso a presos políticos en Venezuela y el film de 1991, protagonizado por los cómicos Martes y 13, el título de “El robobo de la jojoya”.
Tras aquella LAU siguieron otras leyes que empeoraron un panorama de la vivienda en el que cada vez hay más ciudadanos, casi 50 millones, pero en el que, desde 2018, no se ha colocado ni un solo ladrillo de vivienda oficial, sustituyendo la obra por arrancar los carteles del Ministerio de la Vivienda que identificaban a las de protección oficial construidas durante la dictadura e incalutar viviendas privadas.
El único ministro del Gobierno que ha dado en el clavo con un auténtico mazazo al señalar la verdad de la situación, es uno completamente alejado de la dictadura, el comunista ministro de Cultura y portavoz de Sumar, Ernest Urtasun, quien metió el dedo en la llaga al exculpar a la oposición, que no gobierna, para horadar la conciencia de Pedro Sánchez, al afirmar que “si Franco construyó 6 millones de viviendas públicas, llevamos décadas haciendo las cosas mal”, aunque desde la plaza del Sol, los que tienen tiempo de acampar porque no tienen que ir a estudiar ni a trabajar, sigan enrocados en que “del barco de Chanquete no nos moverán”.
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