Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
TAL DÍA COMO HOY
En Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa) nacía el 3 de febrero de 1689 el almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, considerado uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española. Vivió en una época en la que la Marina Española comenzaba a reorganizarse y su dedicación a tal fin fue incansable, no perdiendo jamás una sola batalla y rindiendo multitud de barcos de los enemigos de la Corona Española.
Vernon almirante ingles se puso al frente de una escuadra de impresionantes dimensiones. En total contaba con más de 200 navíos, 130 de ellos de transporte por 74 de guerra. Estos últimos portaban unos 2.000 cañones. A bordo iban 27.000 hombres: 16.000 marineros y artilleros y el resto tropas destinadas a la invasión.
La desproporción de fuerzas era flagrante: Cartagena disponía únicamente de seis navíos y de unos 3.000 hombres, La defensa estaba dirigida por el virrey, Sebastián de Eslava, y el comandante Blas de Lezo; El objetivo la conquista de Cartagena de Indias, esta tenia dos accesos: el de Bocagrande, cerrado con cadenas por los españoles, y el de Bocachica, guardado por dos poderosos fuertes, los de San José y San Luis.
Blas de Lezo era un veterano marino originario de Pasajes, en Guipúzcoa. Tuerto, cojo y manco, a causa de diferentes heridas de guerra, acumulaba una larga experiencia en la armada española antes de ser destinado en 1739 a Cartagena de Indias, donde rechazó los dos ataques del almirante Vernon que precedieron a la ofensiva de 1741.
La resistencia española se concentró en el fuerte de San Luis, adonde se trasladaron el virrey Eslava y Blas de Lezo. Durante la refriega, de los trece navíos británicos que entraron por Bocachica once fueron destruidos por los cañones de San Luis. Tras fieros combates, Eslava, Lezo y los soldados supervivientes escaparon de noche a Cartagena. De este modo, tres semanas después de su llegada a Cartagena, Vernon logró su objetivo de entrar en la bahía e iniciar el asedio de la ciudad. Lezo hizo hundir los navíos de su flota para cegar la entrada a Cartagena, aunque uno de ellos, el Galicia, fue capturado.
En pocos días, las defensas exteriores hispanas quedaron destruidas. Tan segura le parecía la victoria a Vernon que envió una misiva a Jorge II en la que afirmaba que para cuando recibiera la carta ya habría tomado la plaza, lo que desató el delirio en Londres. Pero los españoles conservaban todavía el castillo de San Felipe, la principal fortaleza de Cartagena, y estaban dispuestos a resistir hasta el final.
Vernon ordenó cercar San Felipe y en la madrugada del 20 de abril lanzó el asalto general. En la oscuridad, tres columnas, de 1.200 hombres cada una, marcharon contra el castillo. Unos supuestos desertores españoles les habían confiado el mal estado de la fortaleza y el desánimo que reinaba entre los defensores. Siguiendo el consejo, los británicos marcharon al castillo con sólo un fusil por cada cinco hombres y sin explosivos, creyendo que la conquista del fuerte sería tarea fácil. Pero habían caído en una trampa.
Las escalas de los soldados resultaron demasiado cortas, a causa del foso que los españoles habían excavado frente a las murallas, y al acercarse a ellas las columnas se vieron sorprendidas por el fuego del castillo. Viendo el caos, el brigadier Thomas Wentworth, segundo en el mando, envió otras dos columnas, pero en su camino de subida se toparon con sus compatriotas que huían colina abajo.
El balance del ataque fue terrible para los británicos. Según el oficial Charles Knowles, “entre la mañana del jueves y la noche del viernes las fuerzas británicas habían menguado de 6.645 a 3.200, y 1.200 de aquellos no estaban aptos para el servicio”. Uno de los españoles que cayó fue Lezo; murió cuatro meses después de liberada Cartagena, a causa de una infección.
Blas de Lezo acumuló en su vida multitud de heridas, que le convirtieron en manco, tuerto e impedido de un brazo, lo que le valió el apodo de “medio hombre”, a pesar de que los hechos nos demuestran que este sobrenombre no se ajusta en absoluto a la realidad de lo que fue la vida de uno de los mejores marinos españoles de todos los tiempos.
“Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741” y “El orgullo español humillado por Vernon”. Estas frases aparecen en una medalla que el almirante Vernon mandó acuñar antes de la batalla de Cartagena de Indias, dando por supuesto que la iba a ganar, pero ya se sabe es malo vender la piel del oso antes de cazarlo.
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