Café con cola
Clave Galicia
Cuando José Manuel Romay Beccaría regresaba de dar su paseo diario por la Marina se encontró con una cola de gente que esperaba la inauguración del primer establecimiento en la ciudad de la multinacional de cafeterías con sede en Seattle. La Marina y la esquina del Obelisco de A Coruña son para un columnista del día como el Paseo en Ourense, siempre pasa alguien y el día que no pase también será noticia.
Romay caminaba a buen paso para los 91 años masticados, hablando con un acompañante, algo doblado pero con cabeza y disposición para seguir en el Comité Ejecutivo del PP de Feijóo. La política desgasta menos cuando se palilla en la sombra. La intención era tirar la caña de la felicitación sin muchas esperanzas después del saludo de costumbre. Cuando cerró las listas de las municipales del PP respondió con un “gracias” a la carantoña de que una figura como él tenía que encabezar la candidatura en vez de adornar el último puesto. Tampoco había sido muy efusivo ante un comentario de texto bien untado por una entrevista que había concedido a El Mundo en uno de los momentos que le hacía falta a su pupilo Núñez Feijóo.
Pero Romay desapareció del radar al girar hacia la calle Real. Más de un centenar de personas guardando fila en la puerta de un Starbucks cerrado a las once y cuarto de la mañana es desconcertante. Una señora muy enterada que buscaba dar explicaciones se encontró con el careto del chófer de anécdotas. La inauguración del establecimiento era a las once y media, los primeros 150 clientes recibían un detalle y alguno llevaba esperando desde hacía tres horas.
Ir por la calle con un café en un caldero plástico puede quedar cinematográfico pero no es más sofisticado que la bota de vino. “Hay que ser gañán para que te sacudan tres o cuatro euros por un puñetero café”, escribió un colega tabernero acompañado de una foto de la peña esperando para entrar. La espuma de la inauguración de un negocio encaminado hacia el crucerista por la confianza en la marca conocida. La multinacional ya despacha desde hace tiempo en El Corte Inglés sin grandes atascos entre los cascarilleriros. “Los que estaban en la cola eran aborígenes”, contestó.
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