¿Hacia dónde caminan las regiones de Europa?

Publicado: 15 sep 2026 - 03:50
Opinión José Ángel Vázquez Barquero
Opinión José Ángel Vázquez Barquero | La Región

Coincidiendo con los calores del momento y con otros avatares que han capitalizado la atención ciudadana y el debate político en nuestro país, este mismo mes de septiembre el Banco de España publicaba un sugerente y, como se verá, más que oportuno documento ocasional titulado “Dinámicas de convergencia regional en las principales economías europeas”. Un meritorio esfuerzo de investigación cuyos autores (entre los que se cita el compostelano Mateo Cacho) han convenido centrar en el análisis de la evolución del PIB per cápita de las 98 regiones que conforman los cuatro miembros de la UE con mayor rendimiento económico actual, es decir, Alemania, Francia, Italia y España, durante el periodo 1998-2025. Y, como era de prever, los resultados han resaltado el devenir heterogéneo de los territorios que abarcan los mencionados Estados (aunque se intuye que en el resto de la Unión acontece lo propio) y no pocos de los retos ante los que nos enfrentamos como sociedad que aspira a progresar de forma equilibrada y armoniosa.

Diferentes grupos de regiones que compartiendo ciertas características tienden a crecer hacia un estado de desarrollo similar, pero diferenciado del resto.

Como punto de partida, el referido documento aborda una cuestión recurrente en los debates sobre crecimiento económico que desde hace décadas ocupan la atención de los profesionales e instituciones europeas versadas en la materia: ¿convergen o no nuestras regiones en términos de PIB per cápita? Un interrogante cuya resolución depende de cómo ustedes tengan a bien considerar el asunto. Porque, sin entrar por mi parte en mayores profundidades metodológicos o semánticas, lo que Cacho y compañía vienen a decir es que el análisis econométrico permite identificar la existencia de seis “clubes” de convergencia en el conjunto de las economías consideradas, es decir, diferentes grupos de regiones que compartiendo ciertas características tienden a crecer hacia un estado de desarrollo similar, pero diferenciado del resto.

Por tanto, los mencionados clubes son clasificables atendiendo a sus respectivos niveles de PIB per cápita, y aquí nos encontramos con un hallazgo aparentemente paradójico, a tenor de la reciente convulsión política vivida en el corazón de Europa: las regiones alemanas copan los dos estratos más avanzados en términos de desarrollo económico (aportan el 92% de las regiones que conforma los primeros clubes de convergencia), sin que ninguna de ellas baje del tercer escalón. Una evidencia de la cual se infiere que los diferentes territorios que configuran Francia, Italia y España en mayor medida se encaminan hacia escenarios caracterizados, en términos comparativos, por estatus intermedios y bajos de producción y renta por habitante.

¿Y qué acontece con las Comunidades Autónomas españolas? Pues el documento publicado por el Banco de España no aporta buenas noticias al respecto de su evolución tendencial, puesto que las sitúa preponderantemente en los escalones cuarto y quinto del ránking de convergencia. Un hecho que puede cobrar sentido cuando atendemos a otros hallazgos destacados de la investigación referida y que tienen en consideración los determinantes de las dinámicas de crecimiento económico observadas en las regiones de los países analizados. En tal sentido, Mateo Cacho y compañía identifican un particular protagonismo tanto de las dotaciones de capital físico como, en especial, de los niveles formativos de la población, aspecto este último que nos aboca a prestar mayor atención a los resultados de los diferentes estudios (siendo el Informe PISA uno de ellos) que tratan de evaluar la situación particular de los sistemas educativos.

Pero a la hora de proyectar nuestro devenir económico, no todo se resume en clave cuantitativa y, por tanto, se asocia a los stocks de factores aplicables a los procesos de producción. Desde hace décadas, la literatura sobre desarrollo territorial viene postulando la relevancia de otros considerandos y, en especial, el protagonismo de las instituciones en la medida en que pueden influir tanto positiva como negativamente en el comportamiento de las distintas economías. Esperemos que las conclusiones del documento publicado por el Banco de España, y que motivan estas reflexiones compartidas, contribuyan a interiorizar la necesidad de buscar soluciones cooperativas, so pena de profundizar en los desequilibrios territoriales de Europa.

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