Ramón Pastrana
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Controla de espaldas a la línea, como hacía con su hermano en Velle. Pisa el balón, amaga hacia el centro y con un movimiento de tobillo realiza un caño. Cambio de lado, pared y gol. Esta es la jugada con la que en 2015 Vane Sotelo se consagró como una de las mejores jugadoras de aquel Torneo Mundial que era oficioso y no oficial. Oficial fue su Bota de Oro. Aquella selección tenía una ourensana por línea. Ana Lastra en portería e Iria Saeta como guardaespaldas de una joven Sotelo que ya apuntaba goles en sus estadísticas.
En Gondomar se corroboró la autoridad de una selección que solamente tiene a Vane Sotelo como representante ourensana. La ciudad era una de las potencias del fútbol sala femenino. Con el trabajo de estas y otras jugadoras ourensanas que se han abierto camino, se ha celebrado la primera Eurocopa oficial y Vane cumple 50 internacionalidades. ¡Cómo pasa el tiempo! De aquella camiseta con el número "2" a llevar el "9". Para ella el gol no es un peso, no es una mochila cargada de lastre. El gol para Vane Sotelo es algo innato, natural, cotidiano, una acción ordinaria como puede ser cualquier responsabilidad laboral. Una virtud hecha maravilla.
Paso a paso, derribando techos, de cristal, de teja o de pizarra, por fin se celebra este torneo. Ya eran hora. Y con España como campeona. ¡Qué más se puede pedir! Una España sin Iria Saeta, Ana Lastra o Marta Figueiredo. Hay que buscar relevo. A Vane todavía le queda carrete.
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