La cara oculta de la Luna

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 09 abr 2026 - 02:10 Actualizado: 09 abr 2026 - 02:10
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Stanley Kubrick imaginaba una nave espacial donde las máquinas se emancipaban del hombre. No era amigo, el director de 2001: Odisea en el espacio, de desafíos menores. La historia de la actual misión Artemis 2, de su dimensión humana, tiene más que ver con las cañerías del retrete. Una cuestión que ni el ingenio ni la persistente voluntad de la única mujer astronauta en la misión, Christina Koch, ha sido capaz de solucionar. Con estas cosas se entretiene el largo viaje a la Luna, a su cara oculta, como se cruzaba con lentitud el Atlántico en busca de las Indias, fregando el tablamento de cubierta y contando leyendas áureas. En la nave espacial, donde cuatro astronautas nos han repetido los viejos trucos de la falta de gravedad y los cuerpos flotantes, no podemos menos que preguntarnos por la evolución de la ciencia desde que Armstrong, Collins y Aldrin viajaron en 1969 al lado visible de la Luna y hasta pusieron sus dubidosos pies en ella. Que todavía no se hayan solucionado los problemas de intendencia excretora, de comunicaciones durante largos minutos o que los actuales viajeros del espacio sufran de una agobiante falta de espacio y privacidad, nos hace pensar en una NASA perezosa, con problemas presupuestarios o ambas cosas a la vez.

La misión al lado oculto de la Luna me ha cogido, lo reconozco, con el paso cambiado. En primer lugar porque, en mi insondable ignorancia, desconocía que el movimiento rotatorio de la Tierra y la Luna está sincronizado para que siempre veamos un único lado de aquella, exactamente el 59% de su superficie. Por otra parte, y de esto sí que no se habla, pese a la proclamada amistad entre Putin y Trump, dos humanistas, los soviéticos habían enviado, nada menos que en 1959, una sonda, la Luna 3, a fotografiar el llamado, equivocadamente, lado oscuro de la misma. El acontecimiento está recogido en alguna emisión filatélica, que eran la fe notarial de la época. En cualquier caso, mi relación con el espacio y el estar en la Luna, está entreverada con las imágenes del Apolo XI narradas por Jesús Hermida, las lecturas de Verne y otros lunáticos -qué amplitud y comodidades en la nave de Tintín-, amén de las largas sesiones de percepción alterada con Pink Floyd.

El espacio y su estación-empalme en la Luna, tienen el atractivo de ofrecernos una escapatoria, la posibilidad de la huida y una vida nueva. Algo así como la Legión y sin la cabra. En todo caso, la prueba de que en todas partes cuecen habas es que el inodoro y la intimidad, quizá para algunos cuestiones menores y burguesas, tienen todavía un necesario y amplio margen de mejora.

Contenido patrocinado

stats