Rosendo Luis Fernández
¿Piove?, ¡Porco Goberno!
CAMPO DO DESAFÍO
Desdeñar, a estas alturas, la capacidad de Pedro Sánchez para manejarse en las peores tormentas solo puede ser producto del desconocimiento del personaje o de la ofuscación ideológica. Son tantas y tan graves las crisis que el político madrileño viene capeando a lo largo de sus casi ocho años como presidente que sus amigos hace tiempo que le adjudicaron una suerte de baraka y sus enemigos, la condición del político que se crece inexorable ante las dificultades.
Suerte y resistencia son dos condiciones que deben acompañar a todo político de raza y que Pedro Sánchez exhibe con largueza para desesperación de sus críticos. Ambas cualidades están acompañadas de un agudo sentido de la estrategia, altas dosis de pasión por la política y un arrojo casi temerario. Su pensamiento está siempre alerta y activado en la identificación de las debilidades en el rival y en el rastreo minucioso del escenario político. La entrada en la escena global internacional de un fenómeno extravagante como el de Trump tenía que atraer la atención del hoy ya muy curtido depredador en que se ha convertido Sánchez. Paquidermo de tal envergadura y maniobras tan torpes, ofrece a nuestro presidente todo un abanico de posibilidades para deshacer los nudos que el tiempo, el dejar hacer, los errores y las derrotas autonómicas han puesto en su camino.
Parece que ahora sí, la atención de Trump, siempre algo enturbiada por el pensar confuso y disperso, se ha fijado en la enjuta figura del presidente español con mirada de escualo
La guerra lanzada contra Irán, como antes la masacre de Gaza y, si me apuran, la invasión de Ucrania, colocan a Sánchez -no se olviden, presidente de la Internacional Socialista- en un escenario de fáciles dicotomías: misiles u hospitales, guerra y paz, legalidad internacional o inseguridad y caos. Frente a ellas, y como guinda de las arremetidas contra la diplomacia, los propagandistas de la fuerza solo oponen el dilema de Trump o los ayatolás. Es plausible imaginar que Pedro Sánchez lleva tiempo citando taurinamente a Donald Trump, un miura embravecido que embiste cualquier trapo que le pongan delante. Sánchez empezó a agitar su capote racaneando el gasto militar, siguió con la crítica a Israel por el escándalo humanitario de Gaza, se opuso a los arbitrarios aranceles y no ha dudado en equiparar el ataque a Irán con el engaño superlativo de la guerra de Iraq. Parece que ahora sí, la atención de Trump, siempre algo enturbiada por el pensar confuso y disperso, se ha fijado en la enjuta figura del presidente español con mirada de escualo. Sánchez en su buscado papel de héroe solitario y justiciero.
La paz y la legalidad son las cartas que Pedro maneja con comodidad. Si no sabemos qué logrará Trump en Irán, es claro que Sánchez sí visualiza el perímetro del ruedo ibérico y las oportunidades que la centralidad de su posición le brinda.
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