Jaime Noguerol
EL ÁNGULO INVERSO
Entra que cenas
EDITORIAL
El milagro de una improbable absolución del Fiscal General del Estado habría dado un pequeño balón de oxígeno a Pedro Sánchez, que hasta el momento mantiene una peligrosa huida hacia adelante inédita en la democracia española, rodeado de investigaciones de la UCO por todos los flancos, sin apoyos parlamentarios suficientes, sin presupuestos, con el prestigio internacional de España en mínimos históricos, con un deterioro institucional sin precedentes, una deuda pública disparatada, y con los españoles haciendo auténticos malabarismos para sortear el inclemente aumento del precio de la cesta de la compra y la vivienda durante su mandato. Hoy, con la condena de García Ortiz, desaparece su última coartada, y al presidente del Gobierno solo le queda la opción de convocar de inmediato elecciones generales, o bien declararse en una suerte de rebeldía de impredecibles consecuencias, y sin parangón en la historia de la democracia española.
Ni siquiera el caso de Silvio Berlusconi, superviviente a investigaciones de todo tipo, es comparable al de Sánchez, porque a diferencia del español, el italiano contó durante años con un respaldo popular importante en Italia, y buena parte de los resultados de sus políticas contaban con gran aprobación dentro y fuera del país. Sánchez, en cambio, no puede salir a la calle sin un inmenso perímetro de seguridad que le aleje físicamente de voces críticas en cualquier lugar de España.
Por su parte, la resistencia del socialista François Miterrand en medio de escándalos de espionaje ilegal a periodistas y rivales, y corrupciones varias, tampoco podría compararse, porque la acumulación de casos e implicados nunca alcanzó los sonrojantes niveles del sanchismo, con una larga lista de colaboradores y familiares bajo investigación judicial por delitos muy graves.
La actual debilidad parlamentaria y reputacional de Pedro Sánchez, así como la incertidumbre judicial, supone un obstáculo para el avance del país. Millones de españoles son hoy rehenes de una situación que les resulta ajena y que causa notables perjuicios al bienestar y la prosperidad de toda la nación.
Tampoco el atrincheramiento del Bill Clinton del “Caso Lewinsky”, con su perjurio, obstrucción a la justicia, y su “impeachment”, es comparable al de Pedro Sánchez, porque a diferencia del español, el demócrata sí admitió buena parte de las acusaciones, algo que jamás ha hecho el presidente del Gobierno, a quien no le ha importado mentir aquí y allá, incluso ante audiencias que saben perfectamente que está faltando a la verdad.
Mientras que lo de Jacques Chirac, condenado tras negarse a dimitir durante sus mandatos, con los empleos ficticios y la financiación ilegal cuando era alcalde de París, suena a chiste en comparación con el PSOE de Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Koldo, Leire Díez, Begoña Gómez, y toda la tropa.
Quizá para encontrar algo parecido al empeño de Pedro Sánchez por mantenerse en La Moncloa contra todo y contra todos, hemos de irnos hasta Sudáfrica, al expresidente Jacob Zuma, que llegó a acumular más de 700 cargos judiciales entre acusaciones de malversación, y vínculos con los hermanos Gupta, líderes de la mayor trama de corrupción de la historia de Sudáfrica. Pero ni siquiera Zuma es un antecedente perfecto, porque a diferencia del español, el sudafricano recibió brutales presiones desde dentro y fuera de su partido, mientras que en las filas socialistas las únicas voces críticas que se escuchan son las de aquellos que ya han sido apartados previamente por Sánchez. Con todo, aquel Zuma sudafricano acabó dimitiendo.
Esta erosión diaria de la credibilidad pública y este desgaste social no pueden prolongarse más
La actual debilidad parlamentaria y reputacional de Pedro Sánchez, así como la incertidumbre judicial, supone un obstáculo para el avance del país. Millones de españoles son hoy rehenes de una situación que les resulta ajena y que causa notables perjuicios al bienestar y la prosperidad de toda la nación. El desbloqueo de esta encrucijada debe terminar cuanto antes. Sánchez ha recibido un golpe importante con la condena del Fiscal General del Estado, pero es solo el primero de los muchos que pueden esperarle a medida que avancen los diferentes procesos judiciales. Su situación solo va a empeorar y su Gobierno solo va a deteriorarse y debilitarse día tras día en un horizonte muy cercano, y los más perjudicados de su empecinada resistencia serán siempre los españoles, que no merecen este desprecio a sus más básicas instituciones y mecanismos democráticos.
Los ciudadanos no merecen el desprestigio internacional que hoy pesa sobre nuestras instituciones, ni la crisis migratoria permanente que el Gobierno niega aunque los ciudadanos la ven con sus propios ojos, ni la incertidumbre política que erosiona la confianza colectiva, ni una pobreza que sigue clavada en demasiados hogares, mientras el país desperdicia su enorme potencial y ahuyenta a inversores foráneos con políticas fiscales abusivas, inseguridad legal, y con la imagen del presidente envuelto en corruptelas en todos los diarios internacionales.
Esta erosión diaria de la credibilidad pública y este desgaste social no pueden prolongarse más. Sánchez debe asumir que debe devolver la palabra a los españoles y convocar elecciones generales es ya un imperativo nacional.
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