David Alvarado
Lecturas de fin de ciclo, a un ano das xerais
Surgen estas líneas de las dudas planteadas por mi amigo Miguel Ferro mientras tomábamos café al sorprenderle mi presencia en la entrega del Premio Nacional de Tauromaquia a Curro Vázquez. Y es que Ourense nunca ha sido ajeno, cuando no protagonista, a las corrientes y modas que imperaron, y aún triunfan, en cualquier lugar del mundo. Como acostumbro a decir “todos los caminos llevan a Roma, pero pasan por Ourense”.
Si recurrimos a los datos es importante tener en cuenta que en una estadística de 1897 (aún no existían Tezanos ni el CIS) los denominados “vicios” de los españoles eran, por este orden, la “emigración veraniega”, el consumo en “fondas”, el tabaco, los toros y la lotería. Reparen que la primera temporada de la liga de fútbol de primera división fue tres décadas después (1928-1929).
En un contexto semejante, el 29 de junio de 1901, a las 17,00 horas, nació en Santa María (Castrelo de Miño) Manuel Rodríguez Trabazos, Castrelito, nombre torero que homenajea a su ayuntamiento natal. Hablamos del único torero ourensano incluido en “El Cossío”, la enciclopedia taurina (“Los toros. Tratado técnico e histórico”) dirigida por el académico José María de Cossío y publicada por primera vez en 1943.
Castrelito era hijo de Rafael –cosechero en el Ribeiro- y Ramona –labradora-, aficionado al toreo desde joven, con escapadas incluidas a Salamanca y siendo novillero por toda España. Su éxito, incluidas tres tardes en la Monumental de Barcelona, hizo que la tauromaquia viviera una eclosión en Ourense y, gracias a su impulso, empresarios montan plazas en Ourense, Ribadavia, Xinzo o Verín. Tildado como sucesor de Celita, el histórico diestro gallego nacido en Sarria que terminó siendo apoderado del ourensano, estaba previsto que Marcial Lalanda le diera la alternativa en la plaza de A Coruña en agosto de 1936… En 1940, acabada la Guerra Civil, se retira en la plaza de toros de Guadarrama en presencia de Antonio Bienvenida. Fue vocal de la Asociación de Toreros de Madrid y recibió un homenaje-banquete en el Clube Artístico de Ribadavia, donde fue leída una adhesión ni más ni menos que de Sánchez Mejías, cuñado de Joselito “el Gallo” y recordado, a raíz de su muerte por una cornada en Manzanares (Ciudad Real), por Federico García Lorca en “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. Castrelito “se salvó del hule” y falleció a los 95 años en El Escorial.
Mas Castrelito no fue un caso único en Ourense, pero sí el torero de mayor éxito. Las fuentes citan también otros nombres como Tomás Aparicio, Macarrillo (también fundador de la pastelería del mismo nombre); el ribadaviense Antoñete; Benjamín González, el Orensanito; Ardillita –que tenía una carnicería en la calle Bedoya-, o Emiliano Sobrino García, el Torero, de Nocedo do Val (curiosamente del otro ayuntamiento Castrelo de la provincia: Castrelo do Val).
Son estos apuntes clave para la historia de la tauromaquia en Ourense. Las palabras de Curro Vázquez recogiendo el premio este año resaltaron que la fiesta no está en peligro por la avalancha de jóvenes seguidores, explicable sólo por las amenazas de prohibición y la curiosidad que suscitó ese veto que les hizo descubrir un espectáculo que les cautivó. Tengamos una visión de conjunto de todo lo que ha pasado en nuestra historia para poder pronunciarnos con criterio. Por eso es tan básica la información. Ya lo sentenció Alexis de Tocqueville: “Cuando uno camina hacia el futuro sin la luz del pasado, camina entre tinieblas”. Eso mismo opina mi amigo Miguel.
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