Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Una mina
Volví a Castro Caldelas después de veinte años. En aquella ocasión llegué con nieve y esta vez salí con copos en tejados y coches, en árboles y campos. Sufrí por no poder desviarme a Montederramo, cuyo monasterio me había descubierto mi madre, apasionada de las piedras conventuales. En el castillo caldense se celebraba la presentación de un libro sobre la figura de Manuel Portela Valladares, obra de Manoel Carrete y coeditado por el Centro Galego de Barcelona y el Parlamento de Galicia. El presidente Santalices y la alcaldesa Vega destacaron la importancia de promover actos culturales en el medio rural. Tras las intervenciones de unos y otros, el cantautor Amancio Prada puso la guinda uniéndose con su verbo y gesto al significado general de la sesión, que incluyó condolencias por el fallecimiento de un vecino de la localidad. Cunqueiro, Lorca y Rosalía se hicieron canción en aquella sala de la planta alta de la fortaleza medieval. El artista, acompañado de su guitarra, puso en pie a la concurrencia con el cierre de “Adiós ríos, adiós fontes”. Más tarde confesaría que siempre le emociona cantar en Galicia, tierra de la que se siente uno más aunque no se le reclame lo suficiente.
Entre el público estaban la eurovisiva de O Incio, Lucía Pérez, la cantante y profesora Carmen Penim y el actor Bruxo Queiman, que aprovecharon el vino posterior para fotografiarse con Amancio y, todos, junto a la activista cultural Mar López Sotelo, brindaron para las redes sociales a favor de la candidatura de la Ribeira Sacra como patrimonio de la humanidad. Hace un par de años peregriné por el Camino de Invierno, recién oficializado, con la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Santiago, cuyo trazado también cruza tierras bañadas por este Sil encañonado. La riqueza natural y patrimonial de la zona que comprende veintiún ayuntamientos de Ourense y Lugo es, sin duda, extraordinaria y de singular belleza. De ahí que actividades culturales y encuentros entre vecinos y forasteros como el de Castro Caldelas sean imprescindibles, porque son auténticos estímulos para conocer y sentir el país. Como imprescindible es su declaración por la UNESCO. De vuelta a Santiago, en la Radio Galega hablaba Antón Rodicio del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, indicando que en 2021 cumplirá mil cien años, coincidiendo con el año jubilar compostelano. Bendita casualidad.
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