Ceuta desborda al Gobierno

PUNTADAS CON HILO

Publicado: 15 ago 2026 - 04:10
Un grupo de migrantes comen en la playa de Trampolín.
Un grupo de migrantes comen en la playa de Trampolín.

La ciudad de Ceuta es hoy un desorden completo, un hacinamiento de miles de jóvenes emigrantes que malviven como pueden y donde pueden, sin unas mínimas condiciones de salubridad para ellos, ni para los propios habitantes de la ciudad, porque todo huele mal, todo es un inmenso retrete, y sin que exista de momento una esperanza de solución. No hay instalaciones suficientes ni apropiadas para atender tal avalancha de seres humanos. No ha sido enviada la UME ni otras fuerzas militares que pudieran montar hospitales de campaña o cocinas para atender a todos. No hay mando único como se ha montado para el eclipse. Por Ceuta no vale la pena. Los emigrantes utilizan, por iniciativa propia, los parques, la playa, los bosques y las laderas para construir sus refugios.

Tienen que vivir así cada minuto, cada hora, cada día desde hace dos semanas, tiempo mínimo para que comiencen a dispararse la desesperación. Los ceutís se sienten invadidos e inseguros, confinados, abandonados por el Gobierno de la península, que sólo les ofrece buenas palabras. De nada le valen los intentos de consuelo cuando cada mañana comprueban que nada ha cambiado. Tienen miedo al salir a la calle, deben proteger a sus hijos, sobre todo a las niñas, de posibles agresiones. No pueden hacer deporte, no pueden ir a la playa. No es vida.

De nada les vale el desfile de ministros por su ciudad para visitar a las autoridades, de cuyos alrededores retiraron previamente las escenas molestas o de cierto riesgo. Ministros del Gobierno que desembarcan, prometen soluciones, afirman que están trabajando intensamente y se van. Sólo la responsable de Defensa tuvo el detalle, breve, de atender a unas ciudadanas que se mostraban desesperadas. El último en volver fue el ministro del Interior, el indolente Marlaska, quien comprobó que las cosas no estaban tan normalizadas como había asegurado unos días antes y prometió más presencia policial. Pero todos los sindicatos de policías no se fían de sus medidas ni de sus decisiones.

Es la viva imagen de un Gobierno desbordado, con su jefe de vacaciones, e incapaz de resolver el desastre migratorio de Ceuta. Es como si el Consejo de Ministros no si sintiera responsable de los problemas de salud, de intendencia, de orden que afectan a aquella ciudad española. Además, actúan siempre con cierto temor a molestar a las autoridades marroquís, como la reafirmación de que Ceuta es España, de que Marruecos promovió la invasión. Solo una excepción, la ministra de Defensa, otra vez. Tampoco quieren que pueda viajar el rey Felipe VI a Ceuta, no vaya a ser que se provoque la ira del monarca alauí por lo que supone de espaldarazo a la soberanía de España en aquellas ciudadanes africanas.

Para intentar desviar la atención de tal incapacidad, insisten una y otra vez en centrar la atención en el comportamiento de las comunidades autónomas que no quieren recibir menores para aliviar la carga de Ceuta. Todavía no saben cuántos hay en la ciudad, cuántos volverán a su país reclamados por sus padres y por las autoridades, cuántos necesitarán ser acogidos en el resto de España. Además, Marlaska dice que no irá ninguno a la península, mientras que la ministra de Infancia acusa a las autonomías de no ser solidarias con los menas de Ceita. No se aclaran ni ellos, sin embargo, todos los días provocan el debate de la acogida para ver si se desata el enfrentamiento entre PP y Vox. Pero ni esta polémica, ni el eclipse solar, ni los tik tok del presidente Sánchez o sus ministros, pueden tapar la incompetencia de un Gobierno desbordado ahora por los problemas de la emigración, por su política exterior o por los chantajes de Marruecos.

Rotos y descosidos - Desprecio del Gobierno al Parlamento

La crisis migratoria de Ceuta ha provocado un nuevo enfrentamiento y conflicto entre las instituciones del Estado. El Senado exige la comparecencia de los ministros responsables del caos. Pero el Gobierno ha vuelto a dar la consigna de que no acudan a la llamada de la Cámara alta. Les parece poco representativa porque tiene mayoría el PP. Incluso quieren eludir sus obligaciones, afirmando que el Congreso es más representativo.

Y es cierto que el Gobierno depende del Congreso para su investidura, para su caída por moción de censura, de una cuestión de confianza. Pero el artículo 110 de la Constitución también afirma que “Las Cámaras y sus Comisiones pueden reclamar la presencia de los miembros del Gobierno.” Lo cual quiere decir que deben acudir cuando se les cita.

El desprecio al Senado y el poco respeto a los mandatos constitucionales de este Gobierno, como no presentar los presupuestos del Estado en cuatro años, están consolidando un estilo muy alejado de las costumbres democráticas. La confirmación de aquella frase de Sánchez de que “si era necesario gobernarían sin el Parlamento” está colocando al Gobierno en una situación de ilegitimidad.

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