Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Ceuta, tanto por hacer
CAMPO DO DESAFÍO
La esperada comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados apenas sirvió para dar respuestas a los interrogantes planteados en la crisis de Ceuta. La soledad de la parte socialista del Gobierno acrecienta su dañada credibilidad ante la sociedad española. Cada nueva información añade contradicciones, proyecta sombras de duda y muestra descoordinación entre distintos servicios, caso del Ministerio de Interior.
La crisis ceutí exige ahora acciones urgentes para el reforzamiento de la seguridad fronteriza en las ciudades autónomas, capítulo fundamental de la comparecencia de Sánchez, y afrontar, con tiento y firmeza, la redefinición de la relación con Marruecos, hoy muy dañada. En paralelo, la sociedad ceutí y española reclaman la acción inmediata para la recuperación de la tranquilidad en Ceuta. Esta es la tarea urgentísima del Estado. Ello no será posible sin la rápida gestión de los trámites de expulsión o acogimiento de los miles de personas que todavía deambulan por las calles y centros de acogida.
NO VENDRÍA NADA MAL BAJAR EL DIAPASÓN DE LA REFRIEGA POLÍTICA INTERNA PARA ACERTAR CON LOS DIAGNÓSTICOS Y LAS MEDIDAS PRIORITARIAS
El Gobierno ha perdido un mes mirando para otro lado, arrastrando los pies, minusvalorando una crisis territorial de soberanía para la que es difícil encontrar parangón en la historia moderna del mundo occidental. No son admisibles más dilaciones. Esto es lo inaplazable e imprescindible.
En cualquier caso, no vendría nada mal bajar el diapasón de la refriega política interna para acertar con los diagnósticos y las medidas prioritarias. Las manifestaciones en la calle, las palabras gruesas, la cercanía electoral, trabajan en otra dirección. Continuar con la escalada de acusaciones y descalificaciones incrementa la tensión de una sociedad ya muy polarizada, además de trasladar al exterior una imagen de división. Es imperativo ordenar y actuar sobre las prioridades y el PP no debe escurrir su responsabilidad en colaborar, si es llamado, sin ceder un ápice en su exigencia de control, investigación y denuncia de aquellas responsabilidades del Gobierno que, por acción u omisión, considere hayan sido violadas en esta crisis.
A propósito de la colaboración entre PSOE y PP, convendría situar la figura del rey en su estricto papel constitucional, sin postergaciones ni en una función providencialista impropia. Y es imprescindible investigar tanto el papel jugado por las autoridades marroquíes, y de países terceros o internacionales reaccionarias, en todo el fenómeno, como la asunción de responsabilidades en algunos titulares y departamentos del Gobierno, caso de Interior, Exteriores y Defensa.
Hace unos meses, la filósofa Adela Cortina, nada sospechosa de derechismo, trasladaba su preocupación por la cambiante relación de Sánchez con nuestros tradicionales aliados. Ahora se entiende mejor su temor. Necesitamos recomponer complicidades, construir confianza y colaboración, en un tablero político que ha cambiado. Nuestras debilidades, y la ética de los principios a machamartillo es una de ellas, soportan mal la actual soledad internacional.
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