Jorge Vázquez
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Lo que no se cuenta en el escenario
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A menudo se habla del papel de EEUU en el mundo. En cambio, se comenta menos el rol de China. Lo cierto es que ambos países dominan el auge de las cadenas de valor y la progresiva interdependencia entre las economías que desató la globalización. El ascenso de China constituye uno de los fenómenos más decisivos de este tiempo, y su evolución sugiere que el mundo avanza hacia un equilibrio menos homogéneo y más competitivo.
Los datos del Índice Elcano de Presencia Global ofrecen una fotografía precisa de esa transformación. Según el equipo de Manuel Gracia, coordinador del proyecto en el Real Instituto Elcano, la proyección exterior de China ha seguido una trayectoria sostenida durante las últimas décadas, sustentada principalmente en su dimensión económica. Ese ha sido el motor central de su influencia: exportaciones, inversiones y capacidades productivas, que le han permitido consolidarse como actor imprescindible en múltiples regiones del mundo, Europa incluida.
Este ascenso no se entiende sin el contexto histórico del auge asiático y el desplazamiento del centro de gravedad económico hacia el Pacífico. China pasó de ser un receptor de la deslocalización industrial en sectores de bajo valor añadido a convertirse en un competidor directo en industrias tecnológicamente avanzadas. Ese tránsito no fue espontáneo, sino fruto de una estrategia deliberada basada en la intervención estatal, la planificación industrial y el aprendizaje tecnológico acumulado durante décadas.
La ligera caída registrada en 2024 abre el debate sobre si el auge de China ha tocado techo o solo atraviesa una pausa momentánea
El modelo económico chino, profundamente vinculado a la acción del Estado, también se refleja en su concepción del orden internacional. Tal como señala Elcano, la visión china mantiene “una lógica marcadamente Estado-céntrica”, donde la soberanía y el control político siguen ocupando un lugar prioritario, frente a modelos más abiertos al protagonismo de actores privados, como EEUU. Esta diferencia no es menor: define la forma en que China entiende la globalización y el modo en que proyecta su influencia en el exterior.
En términos geográficos, el patrón de expansión china muestra prioridades claras. Asia-Pacífico constituye su área natural de influencia, donde ha consolidado una posición dominante tanto en lo económico como en lo estratégico. América Latina emerge como una región de creciente interés, mientras que África y Oriente Medio presentan avances más desiguales. Esta distribución evidencia que la proyección china no es homogénea ni universal, sino selectiva y adaptada a intereses concretos.
Otro rasgo relevante es la estrategia de diversificación de socios. China ha reducido su exposición relativa a EEUU, la UE y Japón, intensificando sus vínculos con países del llamado sur global. Esta tendencia responde a una lógica de reducción de riesgos en un entorno marcado por tensiones comerciales y tecnológicas. Durante años, la interdependencia financiera y comercial entre China y EEUU fue considerada un factor estabilizador del sistema internacional. Sin embargo, esa misma interdependencia ha evolucionado hacia una rivalidad cada vez más abierta.
El mundo actual ya no puede entenderse como un espacio global uniforme y el año 2024 introdujo un elemento de incertidumbre que merece atención. Por primera vez, el Índice Elcano registra una ligera reducción de la presencia global china, tanto en términos absolutos como relativos.
@J_L_Gomez
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