El cielo es de Neira

LA OPINIÓN

Publicado: 09 ago 2026 - 06:10
La ciclista Alejandra Neira.
La ciclista Alejandra Neira. | La Región

A principios del XX se forjó en Ponteareas una familia de campeones. Eran tiempos de altas natalidades, altas mortalidades y bajas pretensiones en todo lo que no fuese el campo. Pero los Rodríguez fueron un grito de libertad. El mayor, Delio, ostenta el récord de etapas de La Vuelta, con 39, y ganó la ronda hispana en 1945. Emilio venció en 1950, mismo año en que Manolo quedó segundo. Pastor también consiguió éxitos sobre las dos ruedas y Pepe ‘Vasco’ fue el único en dedicarse al balón, llegando a jugar en el Celta. La pequeña de la saga fue Aurita, blasón del empoderamiento. El ciclismo era uno de los deportes vetados por la Sección Femenina para las mujeres, pero ella quería hacer lo que sus hermanos y se subió al sillín para ser la primera.

Cuando Aurita cumplía sus 80, nacía en Compostela, Alejandra Neira, predestinada a ser orgullosa sucesora. Como aquella, Alejandra quería hacer lo mismo que su hermano Daniel y se subió a una bicicleta con apenas dos años. Renunció a los ruedines en un instante, a pesar de un severo trompazo en el garaje. No fue el único. En su primer campeonato de España se rompió cuatro dientes y el labio. En el segundo, también acabó por los suelos. Tan pequeña, aprendió dos cosas: que gana el que más veces se levanta y que los brazos de su padre siempre la sostendrían.

Con sus dos hijos en la carretera, a Luis Neira no le quedó más remedio que meterse en el ajo y llegó a la presidencia del Club Ciclista Compostelano. Un padre tan abnegado que lo fue para todo el ciclismo santiagués. Su trágica desaparición formó un agujero irreparable y Alejandra buscó aire fresco en Cambre para digerir el duelo. Desde entonces, ensalza su memoria con cada triunfo: “Yo le dedico todas las victorias a mi padre”.

Hoy sube la apuesta y también quiere correr el Tour y pelear por grandes victorias. En la mira tiene a dos todoterrenos flamencos: Evenepoel y Vollering. Aquí, dos faros como Mireia y Blasi.

En 2023 se hace con la plata nacional de crono. En 2024, todavía cadete, logra una apabullante victoria en la Copa de España Cofidis y un nuevo doblete en el Campeonato de España. Su nombre comienza a resonar entre los autobuses y en la Vuelta a Guipúzcoa, la cantera más antigua de Europa, el Cafés Baqué, apuesta por ella. En 2025 otro oro nacional en crono, ya como júnior, y en su primer Mundial, en Ruanda, desvela toda esa generosidad heredada de su padre. Alejandra entra décimo segunda, desfondada, después de haber trabajado lo indecible para la campeona del Mundo. Su amiga Paula Ostiz.

En su botín también se hallan podios, etapas, copas y clásicas internacionales. Refulgen una sexta plaza europea o la primera Lieja júnior femenina. Tanto champagne descorchado activó el olfato de los Unzué, que, desde los tiempos de Banesto han cosechado siete Tours, y el pasado diciembre, Sebastián, le hizo la oferta de su vida: correr para Movistar para convertirse en la primera ciclista gallega UCI World Tour.

En este 2026 Alejandra se ha vuelto a proclamar campeona nacional júnior en ruta y crono. Un doble triunfo construido desde los cimientos. Nico Cadet, su entrenador desde 2022, preparó el terreno. Jacobo Ucha, seleccionador gallego, la espoleó desde el coche. En la meta, un abrazo eterno con su madre, Mercedes, que sufre cada curva. Por encima de todos ellos, su padre Luis, colmado de los oros que le regala su hija y soplando vientos propicios para que se cumplan sus sueños.

Hace dos años entrevisté a Alejandra. En aquel momento su mayor objetivo era llegar a unos Juegos. Hoy sube la apuesta y también quiere correr el Tour y pelear por grandes victorias. En la mira tiene a dos todoterrenos flamencos: Evenepoel y Vollering. Aquí, dos faros como Mireia y Blasi. El cielo, donde tiene aliados, es su límite.

@jesusprietodeportes

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