MI PLAN PERFECTO
Redacción escolar
TRAZADO HORIZONTAL
He tenido un sueño. El sueño de una noche de verano con eclipse y sin perseidas. No hay afán de plagiar a William Shakespeare, del mismo modo que Zapatero no tuvo “afán patrimonial” con esas joyas que “estaban ahí”. Mi sueño también estaba ahí, aunque vagaba a la deriva. No estaba encerrado en una caja fuerte ni pretende quedar atrapado entre barrotes. Mi sueño no es húmedo ni seco, es un simple sueño, sin más, un sueño recreativo para llegar a la mitad de agosto con esperanza. Este sueño es recurrente porque así lo pide la realidad. Entre la pesadilla y la lucidez, veremos si mi sueño de una noche de verano se convierte en sueño premonitorio. Es lo deseable, que se cumpla por el bien de todos, por el saludable descanso veraniego de nuestra querida España.
El sueño de una noche de verano que yo he tenido es un sueño razonable, sin delirio ni egocentrismo, sin negacionismo ni guerracivilismo, sin efecto llamada, sin polarización divisiva posible ni más objetivo que soñar la vida. Es un sueño social y solidario, un sueño compartido por todos como ese mundial que ya habita en el recuerdo y se resiste a caer en el olvido mientras Morocco e Infantino nos intentan quitar la final de 2030. Mi sueño de una noche de verano era un sueño profundo hasta convertirse en un sueño inquieto y ligero que espero no termine en un falso despertar o en un sueño pasajero.
Hay sueños cumplidos y sueños sin cumplir, pero sobre todo los sueños, sueños son. Según Calderón de la Barca la vida es sueño, como una ilusión efímera que nos envuelve y acurruca en la adversidad de la existencia. Hay que soñar para vivir y vivir para soñar. No estoy convencido, a pesar del monólogo de Segismundo, de que toda la vida sea “un sueño, un frenesí, una ilusión, una sombra o una ficción”. La vida no solamente es un sueño condenado a despertar en el sueño de la muerte. Cierto que sueñan el rico y el pobre, “sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”. Si Calderón de la Barca no lo hubiera escrito en 1635, parecerían versos rimados en los noticiarios de hoy para desgraciada de la sociedad vilipendiada.
La ensoñación es un hábitat natural de ciertos políticos que desconectan de la realidad
La ensoñación es un hábitat natural de ciertos políticos que desconectan de la realidad para dejarse llevar por una sucesión de comportamientos erráticos y fantasías de nubes de algodón. Sueña Pedro con la reelección perpetua, sueña Alberto con elecciones, sueña Yolanda con la O-I-TÉ y Begoña con regalos de cátedras mejores. Sueñan los marroquíes con Ceuta, Melilla y la final del mundial. Sueñan todos con el poder, sueñan los ciudadanos con el cambio, sueñan los Julitos con Hacienda y sueñan Cerdán, Abalos y Koldo con desbancar a la Leire madre de la colmena sanchista.
Sueña el rey con el Estado y el presidente de Ceuta con una audiencia en Marivent, sueña la república con la monarquía, el de izquierdas con la derecha y los de derechas con el centro. Sueña Peinado con el jurado popular, Aldama con los beneficios penitenciarios, Pedraz con las cloacas y Calama con el azafato de Plus Ultra. Todo en la vida pública española es un sueño sin razón, una alegoría de relatos y metáforas, una idea abstracta e insana de políticas sin más ética ni moral que permanecer en el poder. Se habla de acogida en vez de invasión, del PP y Vox en vez de la negativa de Junts y PNV a acoger menores por culpa de las permisivas políticas migratorias del sanchismo.
Hoy he tenido un sueño. El sueño de una noche de verano. Y en ese sueño he visto el futuro con nitidez, con toda la transparencia que ahora ensucia la corrupción. Mi sueño es un sueño repleto de buenas intenciones, un sueño limpio y libre que no necesariamente se tiene que cumplir. Ya sabemos todos que soñar es gratis pero las corruptelas nos cuestan dinero porque el robo lo pagamos nosotros. Soñar es la inspiración humana de lo onírico, un bocado de calamidad con el que aspirar a mejorar la vida de los españoles. Basta de vividores de lo nuestro, de soñadores de nuestros sueños, de usurpadores de nuestra merecida felicidad.
Mi sueño de una noche de verano al fresquito de la mantita del norte y los calores sudorosos del sur cumple la finalidad imposible de una España en armonía y unidad. Este sueño se atormenta de presuntos pucherazos y de nietos, del censo engordado migratorio con voluntad electoral. Es un sueño que no dejará dormir a la oposición sabiendo quienes validan el voto por correo y cuál es el algoritmo empleado en Venezuela. Soñemos con la alternancia democrática, con una regeneración renovadora. Soñemos que es posible vivir en una España sin muros ni rencor, sin odios de tiempos pasados y mirando de frente a un futuro colectivo.
Soñemos como Calderón y como Shakespeare, sin tragedias ni comedias, con toda la fe en el sistema, en el estado de derecho pese a la pesadilla obrada por la temeridad gubernativa. El sueño de una noche de verano que he tenido inspira confianza y alerta contra la frustración de una sociedad desencantada. Y aunque toda la vida es sueño, reconozco que los sueños, sueños son. O no. O sí.
Pedro Sánchez se ha intentado ganar sus muchas semanas de vacaciones con sus visitas a los incendios y a Ceuta y un balance mitinero, aunque lo que le espera son unas vacaciones permanentes. Y mientras, trata de transmitir normalidad cual Pedro por su casa, cual humilde líder del pueblo que se inspiró en Zapatero para vendernos una imagen de modestia y humidad, con lujos de palacios, Falcons y seguridad de super rico. Porque como dijo el faro moral imputado “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Hay que ver como el hombre que no podría dormir con socios como Bildu, ha evolucionado a la afición por los palacios, ya sea el de la Moncloa o la Mareta. La residencia real fue un regalo del rey Hussein de Jordania al rey Juan Carlos, construida en los años 70 y disfrutada ahora por el socialismo sanchista obrero español. La vida es una tómbola además de un sueño, y a Pedro le ha tocado premio en una feria electoral que perdió y arrebató con la suma societaria de intereses y el cuento de “somos más”, cuando en realidad son menos. Como Pedro por su Mareta es el título de un espectáculo digno de observar con preocupación.
Alberto Núñez Feijóo adelantó su balance de fin de curso político al 22 de julio, mucho antes que Pedro Sánchez, que para eso es el sanchismo el que gobierna y tiene mucho más que explicar. Alberto también se ha ganado sus vacaciones, aunque no tantas semanas como Pedro, porque el gallego no tiene palacio gratis y se las tiene que pagar. Nada que objetar, si bien hay un run-run veraniego de maquinación electoral gubernamental convirtiendo la invasión marroquí en un simple problema demagogo de acogida de menores. Esta vez hemos tenido la suerte de que Pedro no amargara las vacaciones a los españoles convocando en julio o agosto, pero Alberto sabe que debe estar preparado ante un eventual truco electoral presumible de sospecha. Pedagogía, ilusión y acierto es lo que el PP pretende mostrar de aquí a las elecciones generales, sean cuando sean. Conviene que la campaña dure hasta el día reflexión y no se trunque con el relajamiento que producen las encuestas favorables. Quizás en Génova debieran estar en alerta revisando a diario el CIS de Tezanos, porque entre líneas se podrá leer la campaña que nos espera, repleta de propaganda recurrente de izquierda radical.
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