Manuel Orío
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Ferrol lleva demasiado tiempo esperando una segunda oportunidad industrial. La ciudad que durante generaciones identificó su destino con los astilleros vio cómo las reconversiones, la pérdida de empleo y el deterioro demográfico reducían el peso de una comarca acostumbrada a fabricar, exportar y vivir alrededor de grandes complejos. El puerto exterior de Caneliñas, inaugurado en 2007, simbolizó durante años parte de esa frustración: una infraestructura de enorme capacidad, concebida sin todas sus conexiones terminadas y con buena parte de su superficie pendiente de encontrar actividades capaces de justificar la inversión realizada. Casi dos décadas después, la elección de Ferrolterra por SAIC, el gigante chino propietario de MG, ofrece la posibilidad de convertir aquella espera en una ventaja inesperada.
El proyecto tiene una dimensión suficiente para alterar el futuro económico de la comarca. La Xunta ha declarado estratégico el desarrollo inicial de la planta de SAIC en el puerto exterior, con una inversión de partida de unos 200 millones de euros, un calendario que contempla comenzar las obras en 2027 y poner en marcha la producción en 2028. El plan incluye una instalación industrial en Ferrol y un centro industrial y logístico en As Pontes; en su desarrollo completo podría alcanzar una capacidad de unos 120.000 vehículos anuales y generar alrededor de 1.000 empleos directos en la primera fase, otros tantos indirectos y unos 300 puestos adicionales en As Pontes.
SAIC prevé invertir 200 millones en Ferrolterra, producir hasta 120.000 vehículos al año y desarrollar el puerto exterior y As Pontes
No se trata ya de un proyecto sobre el papel. En julio llegó al puerto exterior el primer gran cargamento de 700 vehículos de SAIC y, a comienzos de agosto, más de la mitad ya había sido distribuida por la Península. La propia Autoridad Portuaria sitúa ahora la construcción de la planta en 2027 y su entrada en funcionamiento en 2028, al tiempo que prevé culminar antes de final de año las obras ferroviarias portuarias y completar la conexión total en 2027. La secuencia importa porque Ferrol ha acumulado demasiadas promesas industriales como para confundir de nuevo el anuncio con el resultado.
La llegada de SAIC debe entenderse, además, dentro de una transformación mucho mayor. China ya no es solo la gran fábrica barata del mundo. Se ha convertido en una potencia tecnológica que domina segmentos esenciales de la transición energética y de la movilidad eléctrica, desde las baterías hasta buena parte de la cadena de suministro de los vehículos eléctricos. Para Europa, esa evolución plantea un dilema considerable. Necesita reducir dependencias estratégicas respecto a China y, al mismo tiempo, precisa muchas de sus tecnologías, su capacidad industrial y su capital para ejecutar la transición ecológica a la velocidad prevista.
España ha respondido a esa contradicción con un pragmatismo bastante reconocible. No ha optado ni por cerrar las puertas al capital chino ni por mantenerlas completamente abiertas. En las telecomunicaciones, donde las implicaciones para la seguridad son evidentes, los principales operadores han reducido progresivamente la presencia china en los núcleos más sensibles de las redes 5G. En cambio, en energía solar, almacenamiento, baterías y automoción, el país continúa utilizando tecnología y buscando inversiones procedentes de China, tratando de convertir esa dependencia potencial en capacidad industrial propia.
@J_L_Gomez
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