De cierres, despedidas y futuro

UN POCO DE TODO

Publicado: 07 jun 2026 - 07:05
Opinión en La Región
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Leo a Lucía Méndez en los sábados de El Mundo. Habla de cierres, de despedidas dolorosas, del último día de la tienda del barrio y del cartel en la persiana. Habla del pequeño súper, el que es al tiempo papelería, cafetería, joyería, droguería y estanco en el que llevarte puesto desde los pitillos de a uno al paquete de liar, el pan, los bolis, la prensa del día, las palmeras de chocolate, un consejo de urgencia o las cervezas que olvidaste comprar por la mañana. Despide además la veterana cronista y columnista argusela la corsetería cerrada desde hace semanas de las cajitas de cartón perfectamente alineadas en la estantería “con los sostenes las bragas, los pijamas y los camisones”.

Habla Méndez de desgaste, de periodismo -del suyo y del que no busca echar gobiernos-, y del quiosco de su barrio, el de Antonia del distrito de San José Obrero en Zamora. Lo hace con pena, con tristeza, con desánimo y el dolor del que dice golpe seco en cada quiosco que cierra, la bofetada vital en cada retazo de memoria que se pierde cuando una a una las “Antonias” más cercanas van cerrando etapas, echando el pestillo a momentos de historia contada, transmitida a través del papel.

“Aguanta, el papel aguanta”, me dice Charo, la “Antonia” que mantiene en pie el quiosco de la esquina por la que conecta mi calle con la que lleva al centro. El suyo sobrevive cada día repleto de prensa, “de la buena, la de papel, la de siempre”, la de horas y esperas en calle y redacciones, como la corsetería de Lucía con las estanterías repletas de revistas, chuches y útiles de escritorio para vender a los estudiantes que pasan por delante cada mañana camino de clase. “El día del ascenso de la UDO no quedó ninguno, con todo lo que han montado con el papa ni te cuento, y con el rally pasará igual…”. Nota la crisis, pero no ahora, “la llevo notando meses, años, al abrir no me llegaban las manos para atender a la gente, ahora vamos a menos, pero vamos”.

Como tantas “Antonias” de barrio, seguirá mientras el cuerpo aguante llenando estanterías de prensa, revistas, chuches y útiles de escritorio

Se sabe en una ciudad rota, deshecha, gestionada por torpes sostenidos por otros más torpes aún, pero no desespera, fía su suerte y la de su quiosco de barrio a la supervivencia del que sabe más fiel testigo de la realidad cercana. Como tantas “Antonias” de barrio, seguirá mientras el cuerpo aguante llenando estanterías de prensa, “de la buena”, revistas, chuches y útiles de escritorio para los estudiantes camino de clase.

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