Arturo Maneiro
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CRÓNICA PERSONAL
Nunca un presidente de vacaciones se ha ido de vacaciones dejando tantos asuntos importantes sin resolver, tantos deberes pendientes.
Las noticias que llegan de Canarias adelantan que Sánchez piensa mantener varias reuniones con Zapatero, que también pasará las próximas semanas en Lanzarote, donde ha comprado una casa. No es noticia muy tranquilizadora, Zapatero está metido en negocios políticos y económicos con algunos de los personajes menos aconsejables del escenario internacional. Negocios para los que intenta buscar la complicidad de Sánchez, lo que ha llegado ya Bruselas. En la sede de las instituciones comunitarias se siguen ya con cierta inquietud los pasos del ex presidente.
A Zapatero ha recurrido también Pedro Sánchez para que se ocupe de las negociaciones con Puigdemont, lo que tampoco es tranquilizador para quienes siguen con preocupación las cesiones que hace Sánchez al tránsfuga independentista, a cambio de sus 7 votos.
Deja atrás PS un fiscal general en situación tan delicada que incluso en el gobierno se han escuchado declaraciones que abiertamente marcan distancias con García Ortiz; y deja atrás un panorama judicial más grave que el de hace un año, cuando ya se instaló con su familia en La Mareta. Se mantienen las imputaciones de entonces, y se han ampliado con nuevos nombres del círculo de mayor confianza del presidente, los dirigentes del PSOE en los que depositaba toda su confianza, como Santos Cerdán.
Sánchez se ha ido a Lanzarote dejando atrás una España revuelta, un partido deteriorado, unos sondeos que recogen una bajada importante de intención de voto al PSOE
Otros en los que también confió, no solo continúan con sus problemas judiciales sino que se agrava su situación al conocer comportamientos personales deleznables que avergüenzan a gran parte de la familia socialista, a sus votantes y a dirigentes que se han quedado sin discurso porque sus supuestos principios los han echado abajo destacados miembros del partido. Socialistas hoy caídos en desgracia, pero que mandaron mucho sin que nadie en el partido tomara iniciativas para desplazarlos del poder hasta que determinados medios publicaron informaciones irrefutables que obligaron a la intervención de la justicia. Todavía hoy existen dudas sobre el comportamiento de sanchistas que silenciaron lo que ocurría alrededor, sin que se sepa si callaron por ignorancia, complicidad o lealtad mal entendida.
Sánchez se ha ido a Lanzarote dejando atrás una España revuelta, un partido deteriorado, unos sondeos que recogen una bajada importante de intención de voto al PSOE y unos responsables regionales públicamente contrarios a la política fiscal territorial que Sánchez intenta aplicar en función de sus propios intereses; sin tener en cuenta en qué situación deja a sus candidatos autonómicos y municipales.
Se ha ido con un calendario judicial inquietante para los suyos, incluyendo a su mujer y a su hermano; una imagen internacional por los suelos y la palabra corrupción incrustada sistemáticamente en casi todas las informaciones sobre su partido.
El presidente ni se inmuta. Desgrana sus datos sobre la economía, perfectamente preparados por sus asesores para que solo se refiera a los que presentan una España idílica, y hace mutis por el foro. Se cree con derecho a tres semanas de vacaciones sin que nada ni nadie le perturbe.
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