SUEÑOS DE OLIMPIA
Colombia 86: el Mundial que nadie se creyó
SUEÑOS DE OLIMPIA
El Mundial de México 1986 tendría que haberse disputado en Colombia, sede elegida por la FIFA en 1974. Pero no fue así. En un hecho inédito en la historia de este torneo, el país andino fue incapaz de cumplir los plazos y renunció, ocho años después.
¿Cómo sucedió? Toda la gestión de la concesión corrió a cargo del avispado Alfonso Senior Quevedo, empresario, dirigente deportivo y buen amigo del entonces presidente FIFA Stanley Rous. Fue un logro colosal para la proyección internacional del país.
Pronto comenzaron los problemas. Senior Quevedo contaba con el respaldo del presidente Misael Pastrana, pero este fue relevado tras unas elecciones por Alfredo López Michelsen, quien prometió mucho, pero apenas puso un ladrillo.
Esta acción convenció al nuevo presidente FIFA Joao Havelange, que no había ganas ni recursos.
Michelsen tuvo una gran oposición al evento. Una parte de su gobierno lo consideraba excesivo y otra gran parte del pueblo gritaba en la calle “¡Abajo el Mundial, queremos hospitales!” (como en Marruecos, 40 años después).
Una gran huelga por la situación económica en 1977 terminó con 33 muertos y 3.000 heridos. Los cultivos de café empezaron a mudar por marihuana y coca -más rentables- surgiendo primero el Cártel de Cali y después el de Medellín. Por si fuese poco el nivel de violencia, aumentó con la aparición del grupo terrorista M19, las FARC, el ELN y, en respuesta, los paramilitares.
Julio César Turbay sucedió a Michelsen en 1978. Poco aficionado al fútbol, creó la “Corporación Colombia 86” para que el capital privado financiase el tinglado. Esta acción convenció al nuevo presidente FIFA Joao Havelange, que no había ganas ni recursos.
“Solo veo fotos y planos de estadios, pero ninguno en pie”, protestó a Turbay en su última reunión.
No gozaba México de mejor economía que Colombia en 1982. Con una inflación del 100%, expropiación bancaria y deuda del 90% de su PIB, el Mundial se presentaba como un recurso urgente para calmar el descontento popular.
La candidatura mexicana contaba con Guillermo Cañedo, vicepresidente FIFA, y el magnate Emilio Azcárraga, dueño de ‘Televisa’, principal medio de comunicación hispano y socio de la Federación Internacional. También se añadió Rafael del Castillo, presidente de la Federación Mexicana, auténtico Maquiavelo de los despachos y suburbios deportivos.
El plan no se centró tanto en lograr el apoyo de las 24 naciones del Consejo Ejecutivo como sí el del ambicioso Havelange.
Ni un devastador terremoto, en 1985, pudo cancelar el Mundial. Había mucha plata en juego. El evento fue un éxito y nos legó momentos icónicos.
Parecía solo cuestión de dinero, pero la también aspirante Estados Unidos, con Henry Kissinger a la cabeza, añadía favores políticos (e incluso amenazas) para sumar votos. La decisiva reunión, el 20 de mayo de 1983 en Estocolmo, se auguraba perdida.
Sobre ella existen dos versiones. La picaresca mexicana asegura que Cañedo situó a sus aliados en primer lugar para que su voto favorable influyese en los posteriores. Mientras, del Castillo condujo a unos manifestantes contra Kissinger a la puerta, para retrasar su entrada y dejarle sin la mitad de tiempo estipulado de exposición.
Otra versión dice que Havelange “arregló” un trato con Cañedo y Azcárraga, a cambio de una jugosa parte del pastel televisivo. Al término de las exposiciones, declaró ganador a México, sin atender a votos o discrepancias.
Ni un devastador terremoto, en 1985, pudo cancelar el Mundial. Había mucha plata en juego. El evento fue un éxito y nos legó momentos icónicos.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último