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CAMPO DO DESAFÍO
Cuando hoy sábado los trescientos miembros inicien el Comité Federal del PSOE, habrá transcurrido prácticamente un año del último celebrado. Una irregularidad estatutaria que será la munición más leve que los pocos críticos esgrimirán en sus intervenciones. Y será la más leve, o debiera serlo, porque los doce meses transcurridos han añadido dolor y desconcierto al PSOE.
El ciclo de severas derrotas electorales en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía se une al rosario difícilmente acotable del frente judicial, donde el pasado lejano y cercano, los entornos más o menos próximos y los íntimos, marcan la pauta diaria de sinsabores e incendios para los que se buscan con urgencia extintores, mangueras y bomberos. En situación normal, una normalidad de la que apenas queda ya memoria, este Comité Federal sería un hervidero de voces críticas, también propicio para la aparición de una nueva hornada de dirigentes con aires renovados y mochilas sin piedras que cargar. Se cruzarían quinielas con nombres anticipatorios de un nuevo secretario general del partido y, en consecuencia, la designación del candidato a la Presidencia del Gobierno en 2027, dentro de una ola amplia de ilusionada renovación.
Es evidente que ni los tiempos ni el ambiente en el PSOE están ahora para afrontar lo que hace un año hubiera sido una tarea inaplazable. Pedro Sánchez será de nuevo candidato, ocurra lo que ocurra en las varias pistas del circo montado, y el PSOE continuará su previsible desangramiento esgrimiendo la amenaza del acuerdo entre PP y Vox que solo asusta ya en sectores progresistas de viejo cuño o en Euskadi y Cataluña. En pocas ocasiones un Comité Federal del PSOE habrá tenido tantas urgencias y tantos interrogantes abiertos como el de esta mañana de finales de junio y, sin embargo, las condiciones y las circunstancias que han traído a los socialistas hasta este punto son el mejor antídoto ante cualquier reacción inesperada o un giro de guion. En tiempo de tribulación, y el actual lo es como en pocas ocasiones anteriores, el consejo ignaciano de no hacer mudanza se convierte en axioma de una organización añosa como la socialista.
El Comité Federal, contrito, con las excepciones casi de rigor, y el corazón en un puño, cerrará filas alrededor de su san Sebastián, el asaeteado Pedro Sánchez, una imagen trágica acorde con el escenario de truenos y rayos que las derechas, locales y globales, han venido tejiendo desde hace tiempo y donde Pedro Sánchez encuentra las condiciones propicias para desplegar sus contrastadas armas de resistencia y sorpresa. El Comité Federal socialista se encomienda a la tarea de un héroe, para quien la construcción democrática es un ideal en permanente reelaboración y avance, algo insoportable en esencia a todo espíritu conservador.
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