La Región
Valor dos coidadores e coidadoras
La vida es un río que fluye por un cauce sinuoso con un caudal inmenso que desemboca en un mar llamado muerte al que todos estamos abocados. Una enfermedad, accidente, la cortan en seco u ocasionan que se vaya ajando, marchitando, hasta que fenece. El ser humano alcanza a menudo una edad provecta y el cuerpo colapsa por consunción. Sin embargo, durante cincuenta años hemos sufrido el terrorismo cuyos efectos aún perduran. Individuos que decidieron secar cientos de vidas talando árboles, cortando retoños, aplastando brotes; hachas afiladas trabajando a destajo, serpientes instilando su veneno en cuerpos inocentes para lograr un objetivo totalitario y perverso.
No debemos vivir anclados en el pasado, pero tampoco olvidar lo que sucedió no hace tanto, mostrando una lacerante indiferencia. Los datos son incontestables y no debemos tolerar que relatos inicuos y espurios difuminen o blanqueen las atrocidades que se perpetraron, la sangre que se derramó ni el dolor que se infligió, infringiendo el derecho más fundamental: La vida del prójimo. 27 de junio: Día Nacional de las Víctimas del Terrorismo. Mientras las recordemos, permanecerán vivas. In Memoriam.
Francisco Javier Sáenz Martínez (Lasarte)
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